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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

Casi guapos

Casi guapos

Juan Carlos Ortega

Si ustedes ven Antena 3 durante las tardes del fin de semana, sabrán que allí se emiten unas películas cuya temática suele ser casi siempre la misma. Por ejemplo, una mujer felizmente casada descubre, poco a poco, que su marido no es el que ella había imaginado. Mientras el hombre se ducha, ella descarga datos de su ordenador y, aterrada, comprueba que el hombre en realidad se llama de otra manera y que en el pasado fue un asesino loquísimo o algo similar. Normalmente la película termina con una persecución por toda la casa, con una silla bloqueando una puerta o con los cuchillos de la cocina usados para defenderse o atacar.

Esos telefilms nunca decepcionan. Sus titulos varían poco: obsesión perfecta, doble identidad, doble obsesión perfecta, identidad obsesiva; lo cierto es que esos nombres bien podría ponerlos un ordenador equipado con un programa muy sencillo.

Si uno se fija en las caras de los actores de esas películas, en seguida descubrirá algo bastante curioso: son casi guapos. Casi, pero no del todo. Las chicas son atractivas si se las mira de lejos, igual que los chicos, cuyos rostros tienen prácticamente todos los elementos que configuran unas facciones agradables, pero siempre hay algo que les falta.

"Los telefilmes de fin de semana reflejan cómo somos mejor que las películas de autor"

Además de casi guapos, también son casi buenos actores. Todo es casi en ellos. Tienen casi personalidad. Casi saben moverse. Incluso los argumentos que interpretan son casi entretenidos, casi misteriosos, casi eficaces. Y a uno le invade una tristeza inmensa cuando reflexiona de que eso es así porque los actores casi guapos deben ser más baratos que los guapos del todo, que los guiones casi entretenidos cuestan menos dinero que los que entretienen de verdad.

Como los políticos

Les hablo hoy de esos telefilmes de Antena 3 porque algo similar creo que ocurre con la política y los políticos. Todos ellos son casi listos, pero sin serlo del todo. Casi se comprometen con el votante, pero solamente casi. Parecen profesionales, pero sin serlo del todo. El problema es que, en este caso, no son más baratos que los de verdad, porque lo cierto es que nos cuestan exactamente lo mismo.

Pero no seamos populistas, porque siempre es fácil meterse con los políticos. En realidad, a la mayoría de nosotros nos pasa lo mismo. Somos casi cualquier cosa, sin serlo absolutamente. Casi hacemos bien nuestro trabajo, casi somos buenas parejas, casi buenos padres y casi buenos hijos. Con nuestros amigos somos casi generosos y ellos lo son casi con nosotros.

Las tardes de Antena 3, con sus películas baratas, reflejan cómo somos mejor que los filmes de autor trascendentes, como los que hace Almodovar. La realidad se parece más a obsesión infernal perfecta que a 'Dolor y gloria'.

Hoy domingo, mientras lee usted esto, piense que le espera una tarde casi agradable viendo telefilmes donde, impepinablemente, alguien bueno se convertirá en malo malísimo y todo acabará de modo estrafalario con una persecución con cuchillos de cocina. Casi se entretendrá. Solo casi. Pero eso es la vida: estar casi a gusto.