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Tribuna

Formación profesional en Seat.

¿Hacemos algo por la FP?

Antoni Cañete

Tenemos que prestigiar la FP y hay que invertir en ella porque es muy importante y la necesitamos, la FP no puede ser para los que no quieren estudiar... ¿Les suena? Hace tanto tiempo que hablamos de FP y, evidentemente, podemos seguir así, llenando páginas y páginas, pero si queremos seguir siendo una economía competitiva y de oportunidades para nuestros ciudadanos, no cabe otra, debemos priorizar la FP o en caso contrario no jugaremos en la "liga" de los países del cambio y del futuro.   

Puede parecer demagógico lo que hemos apuntado y hasta cierto punto retórico, pero vamos a los datos. Hace unos meses publicábamos desde Pimec un documento comparativo que mostraba que mientras las empresas en Catalunya necesitan el 40% de los ocupados con formación profesional, solo el 20% tiene estos estudios.

Realmente, es un primer dato para reflexionar, pues estamos en una situación en la que seguimos teniendo una alta tasa de paro y resulta inconcebible no dar respuesta a esta necesidad empresarial, que además implica un coste muy relevante.

Por otro lado, el documento incluía en la misma comparativa a las principales economías, que con dimensiones parecidas a la nuestra, dibujan una gráfica perfecta entre la titulación de la población ocupada y las necesidades de perfiles de FP que tienen las empresas, que curiosamente se mueve alrededor del mismo 40%, pero lo más sorprendente es que la economía más competitiva, la alemana, tiene prácticamente un 55% de titulados en FP en la ocupación y que ello coincide con las necesidades reales del mercado.

En la misma dirección apuntan los resultados del 'European Skills Index', publicados por el Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional (Cedefop), que sitúan a España, junto con Grecia, en la posición más baja en el desempeño del sistema de competencias. ¿Qué nos dicen estos datos? No lo dudemos, ni especulemos, no sigamos cerrando los ojos, tenemos que generar un sistema de oferta que se ajuste claramente a la demanda empresarial, por tanto, esta ha de ser una prioridad, que juntamente con la flexibilidad nos ha de dar respuesta a los numerosos cambios que ya se están dando, pero que sobre todo se darán en cuanto a las necesidades formativas se refiere. No olvidemos tampoco que 'The Institute for Global Futures' nos indica que no sabemos hoy en día cómo serán la mayoría de las profesiones del futuro, por lo que no nos podemos permitir un sistema rígido y no adaptado a los cambios.

Toda esta situación tiene un eje fundamental o mejor dicho una condición necesaria pero no suficiente, hablo de la administración, que regula, inspecciona, evalúa y canaliza la mayoría de los recursos públicos para ofertar FP. ¿Por qué hablo de condición necesaria pero no suficiente? Porque si queremos un sistema flexible que dé respuesta a las necesidades del mercado y con los mejores recursos materiales y humanos, hemos de tener claro que no únicamente lo podremos hacer desde los centros formativos. Es cierto que llevamos muchos años y con bastantes buenos resultados haciendo prácticas en alternancia en las empresas, es cierto también que últimamente hemos intentado hacer formación dual en las empresas, pero no es menos cierto que nos queda mucho para dar a la empresa el protagonismo que debería tener en la formación.

Si queremos un sistema que se adapte a las necesidades, si queremos poder tener las últimas tecnologías en la formación, si queremos ser un país puntero en nuestra competitividad y productividad, sin duda debemos poner a la empresa en el principio y el final del sistema.

Esto significa que de una vez por todas entremos en el gran debate del reconocimiento de la empresa como agente formativo. Para ello debemos pedir y pedimos, que los partidos políticos, los gobiernos y todos los que tenemos responsabilidad en la FP pongamos los medios para que la formación en la empresa no sea una mera cuestión estética, sino real. ¿Seguimos pensando qué podemos esperar?