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La clave

Ada Colau, en su intervención en la Cumbre mundial de grandes ciudades comprometidas con la emergencia climatica en Copenhague 

Ayuntamiento de Barcelona

Pantone verde ciudad

Carol Álvarez

Las ciudades deben trabajar en red para apoyarse en el impulso de corredores verdes

El día que el paseo de Sant Joan amaneció salteado de arbustos, con ese aire asilvestrado de la vegetación entre dunas, la remodelación de la parte sur de la arteria barcelonesa completó su sentido. El verde ciudad se extiende, y eso es toda una declaración de intenciones, una reacción al clima cada vez más extremo de nuestras latitudes. El parque de las Glòries, aún en proceso de transformación, es uno de los últimos en sumarse a  ese mandato. La Gran Via y su nudo con Meridiana y Diagonal son estratégicas para el tráfico, pero el nuevo oasis de plantas aromáticas y vegetación compensa los efectos contaminantes con el sello eco de Colau para la ciudad. Mariposas y grillos ya se extienden cientos de metros a la redonda, y uno creería que está inmerso en una fábula de La ciudad latente de Shaun Tan, donde animales y plantas asaltan la dura geografía urbana de edificios y calles donde el cemento y el metal son dominantes.

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Barcelona apuesta lentamente pero sin pausa por esta senda y comparte el modelo: estos días participa en Copenhague en la Cumbre del Grupo de Liderazgo Climático C40, donde tanto Ada Colau como la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, son motores del cambio a distinta velocidad. Donde Barcelona avanza sin reticencias – más allá de las primeras voces críticas con las superilles–, París combate el rechazo de los conductores al  plan de impulso de un corredor verde interior, una iniciativa que se suma a la de la expulsión de los coches de una orilla del Sena, ahora convertida en parque. Hidalgo tiene la presión extra de estar inmersa en un año preelectoral, pero no puede ceder. Cumbres como las de Copenhague han de servir para más allá del intercambio de ideas, reafirmar a los alcaldes ante el reto que afrontan. Medellín, una de las ciudades participantes, ha aportado datos incontestables, y es que desde 2016, ha logrado bajar dos grados de temperatura gracias a un triple corredor verde implantado en la ciudad. Por fin un resultado con recorrido: las olas de calor cada vez causan más víctimas mortales en los tejidos urbanos.