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MIRADOR

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias.

EUROPA PRESS

El ocaso de los técnicos

Javier Aroca

Lo cierto es que estamos con la sensación de que actores no políticos han tomado la decisión de que el pueblo hable más claro

El motivo por el que vamos a elecciones es porque, nos dicen, es necesario un gobierno sólido, muy responsable, para tiempos difíciles. La sentencia  del ‘procés’, el ‘brexit’, la crisis comercial mundial, la desaceleración, así lo exigen. Poner en primer lugar la sentencia no es un capricho, es el punto principal en las preocupaciones de la élite capitalina.

Y con todo, uno se pregunta si precisamente la dificultad venidera, ciertamente grave, no era suficiente argumento para que hubiera un gobierno mucho antes de que la tormenta se desencadene. 

La responsabilidad de los protagonistas así lo exigía y, sin embargo, estamos sumidos en las incertidumbres de nuevos comicios sin que se averigüen, según encuestas y sensaciones, mejores condiciones para formar gobierno; ello a pesar del voluntarismo esgrimido por el presidente en funciones, quizá impresionado por Portugal. Si antes, no, pocas esperanzas para mañana. 

El desenlace se provocó por la opinión de los técnicos, gurús, politólogos, y toda una grey de expertos. Prefiero creer que las decisiones de este calado las toman poderes visibles y conocidos y no otros ocultos. Lo cierto es que estamos con la sensación de que actores no políticos han tomado la decisión de que el pueblo hable más claro, según Pedro Sánchez, su devoto, porque al parecer no lo hicimos suficientemente.

Las dudas sobre si unas nuevas elecciones aclararán el teatro de operaciones son ya numerosas, tanto que inquietan a los propios convocantes por  su exceso de confianza. 

No está claro que se reproduzca la movilización masiva por temor a la extrema derecha (ni  teniendo en cuenta el protagonismo de la exhumación por venir del dictador Franco), tampoco que tenga efecto el temor publicado a una  nueva recesión, con sus austeridades y claudicaciones en materia de libertades. Ni siquiera la culpa calvinista trasladada al fracaso político parece ya tener  efectos. Como aseguró Sánchez, ahora tenemos más datos. 

Nerviosismo

En esto, Jose Félix Tezanos, en el ejercicio de su libertad, sostiene, se ha lanzado a recomendar el voto para los que puedan gobernar en una traslación a España de la "electibilidad", propia de los caucus  americanos. Tezanos transmite nerviosismo y compromete  más, si cabe, la reputación venidera del CIS.

Antes, Mariano Rajoy y Felipe González habían convenido públicamente en la idoneidad de una coalición para estos tiempos revueltos: una coalición incómoda, en ningún caso se han referido a una coalición insomne. Más nervios. Es una pena que no se coincida más cuando se tiene la posibilidad de gobernar que cuando se tiene la posibilidad de influir.

Si todo sale como dicen los sondeos, la irresponsabilidad de no haber formado gobierno nos pondrá en una de las peores situaciones políticas previsibles.  Irresponsabilidad, insisto, por no contemplar mejor un gobierno para tiempos difíciles que el desgobierno. 

Podemos echar la culpa a los técnicos, como en el fútbol a los entrenadores, al menos sería el ocaso de los técnicos y el orto, por fin, de la política. También en Catalunya.