Ir a contenido

ANÁLISIS

Dembélé, tras ser expulsado pasa junto a Naval (delegado del equipo) y Valverde.

GETTY

Griezmann le debe una a Dembélé

Sònia Gelmà

Quizá fue un simple descanso para Griezmann, quizá un toque de atención para que espabile, pero la presencia de Dembélé en el once ante el Sevilla suponía una seria amenaza para el flamante fichaje del Barça, cuyos únicos indicios de crack se vieron el día en que se enfrentaron al Betis. Al 11 azulgrana ni siquiera le hizo falta un partido redondo para confirmar que al Barça de Messi y Suárez le conviene un tercer hombre que abra la banda.

Le vimos acertar de vez en cuando en la primera parte y equivocarse bastante en la segunda. Nada nuevo en el francés, que se pasa la vida transitando por la cornisa. Marcó un golazo cuando alguno ya desesperaba, y siguió enredándose cuando nos convencíamos de que mejoraba la aportación de Griezmann en esa banda. Y sí, Dembélé erró bastante más de lo que lo hace su amigo en cualquier partido, pero se pareció a un extremo izquierdo. Algo que no está al alcance de Griezmann.

El debate estaba sobre la mesa, al menos hasta que Dembélé volvió a su especialidad: dejar tirados a los que aún creen en él. Por una actitud irresponsable. Una más —cuando no se duerme, se lesiona, y cuando no, habla más de lo cuenta. Ante un árbitro elitista, le tocó la rifa. No hay manera de tener un día tranquilo con el díscolo extremo.

Dembélé y Suárez celebran uno de los goles al Sevilla. / JOAN MONFORT (AP)

El debate estaba sobre la mesa, al menos hasta que Dembélé volvió a su especialidad: dejar tirados a los que aún creen en él. No hay manera de tener un día tranquilo con el díscolo extremo

Los hemos visto bailar juntos en las redes, los hemos visto llegar al estadio juntos. Comparten nacionalidad y tienen buena sintonía. Pero hasta este fin de semana, no teníamos suficientes elementos para valorar si se trataba de una amistad verdadera. Ahora ya sí. Desperdiciar una oportunidad así en beneficio de un amigo solo lo aguanta una camaradería auténtica. Griezmann le debe una a Dembélé, será titular en el clásico.

En los tiempos que corren, defender la calidad de Dembélé pone a cualquiera bajo sospecha. Así que aclararé mi criterio: Griezmann es mucho mejor futbolista que Dembélé. Si nos referimos, por ejemplo, a comprensión del juego, no hay color. El ex del Atlético falla menos que su compatriota, aunque no es difícil. Pero una cosa es su calidad, y otra lo que consigue aportar en el actual contexto.

La comparación

Griezmann pierde ahora mismo la comparación incluso con jóvenes como Ansu Fati o Carles Pérez, más presentes en los partidos que él. Porque el equipo necesita un extremo que pueda abrir el campo y aportar velocidad desde la banda. Y ante eso es inevitable volverse a preguntar, como en verano, si era necesario ficharlo. Pero ahora se trata de conseguir que encaje.

Griezmann tiene margen. Él mismo dijo ser consciente de los sacrificios que debería hacer en su nuevo equipo. Su adaptación resultará más fácil mientras juegue. Así que puede seguir el ejemplo de Suárez, tantas veces enterrado, de nuevo resucitado. Dembélé también resurgirá, a su manera, no lo duden. Mientras el Barça no lo facture a otro destino, cosa que pasará, y que está incluso aprobada en asamblea. Porque la venta de jugadores ha pasado a ser ordinaria. Una pena, porque sigo intuyéndolo como un diamante, al que no hay manera de pulir.