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IDEAS

Joaquin Phoenix, en el papel de Cómodo en ’Gladiator’

Vindicación de Cómodo

Xavier Bru de Sala

No de todo el reinado del débil, ardido, cobarde y amado hijo de Marco Aurelio sino de sus primeros años. Fue bueno desde el ascenso al trono, a los diecinueve, hasta el intento de asesinato. Todo el mundo ha visto el filme 'Gladiator'. La gran mayoría se ha tragado que el chico liquidó a su progenitor y el resto de infames patrañas de la trama. Hizo de gladiador, sí. También mató a cientos de bestias feroces en la arena con una inusual destreza, pero antes había tratado de ser digno de la pesada herencia de su padre, apreciado por la historia a pesar de sus plagios y resúmenes escolares de la filosofía estoica. Según uno de los más preclaros historiadores del imperio romano, el clásico Edward GibbonMarco Aurelio, guerrero incansable y gobernante tenido por prudente y relevante, no solo se dejaba engatusar con una extraordinaria facilidad por los que fingían virtud y cubría de oro el desprendimiento impostado sino que convertía en diosa su esposa, crapulesa insaciable, mientras alababa su fidelidad por escrito para memoria eterna y patrocinio de los cornudos que pagan el gasto y se hacen el sueco.

El hijo de Marco Aurelio instauró una paz generosa y de larga duración en las fronteras más peligrosas del imperio

No satisfecho con alargar 14 años la guerra con las tribus germánicas, hasta encontrar la muerte en el campo de batalla, este general tenido por pensador ejemplar no dudó un solo momento, a pesar del punto de partida de la película, en compartir los honores del imperio con un chiquillo malcriado irresponsable y estulto, incapaz de soportar la carga del poder omnímodo que, en efecto, heredó sin necesidad de usurpar. A pesar de ello, Cómodo instauró una paz generosa y de larga duración en las fronteras más peligrosas del imperio y, clausurados los campos de batalla, regresó a Roma, donde fue recibido con un triunfante entusiasmo popular. El Cómodo de después del atentado fallido es un emperador ausente, un disoluto que organizaba orgías con cientos de bellas y bellos jóvenes esclavos, la descripción coetánea de las cuales, de ser divulgada por Hollywood, dejaría boquiabiertos a los más promiscuos del siglo XXI.