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La clave

Llegada del primer contenedor del bloque de vivienda social prefabricada del Barri Gòtic.

SERGI CONESA

La crisis de la vivienda, a parches

Carol Álvarez

La demanda de pisos sociales exige respuestas estructurales y no precipitadas

Circulan por las redes imágenes curiosísimas de ciudades asiáticas donde se levantan rascacielos con bambú como material de construcción y de andamiaje. Es más resistente a su excepcional clima y a las sacudidas de los terremotos. Dime con qué construyes y te diré qué te preocupa. En las faldas de los volcanes de la extrema Islandia hay lugareños que viven en casas de lata, así las llaman, ante el peligro.

Cuando les preguntas cómo se vive ahí, encogen los hombros y resignados te cuentan que cualquier día han de salir a la carrera y dejarlo todo atrás si el volcán estalla, como cuando en 2010 una erupción obligó a evacuar el suroeste de la isla e hizo temer que otro volcán, el imponente Katla, también despertara. Para qué más: con cuatro paredes de latón bien puestas ya tiran. 

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Se abraza al mismo concepto de emergencia, con la coletilla de habitacional, el Ayuntamiento de Barcelona cuando anuncia los módulos prefabricados que darán respuesta de choque a la falta de vivienda social en la ciudad. Pisos enanos, de montaje exprés y presumiblemente bien acondicionados, como los barracones de luxe que nos venden los políticos, con su parquet y su calefacción para el invierno. Será que vivir con más metros cuadrados y paredes de cemento está sobrevalorado. ¿No tenía Ikea decorados en su tienda resultones a partir de 15 metros cuadrados? La crisis de vivienda social no es ninguna tontería, pero tampoco lo es fruncir el ceño ante el proyecto de los módulos prefabricados, que sigue la estela ya recorrida por el controvertido plan de los barracones escolares. Llegaron para quedarse, y es asombroso que año tras año no haya forma de rascar algo del presupuesto para sacar de esa excepcionalidad a los cientos de niños catalanes que se escolarizan como si vivieran en Groenlandia, en un país azotado por las inclemencias. Emergencia y provisionalidad van de la mano, pero ante el problema de la vivienda se ciernen demasiados riesgos sobre nuestro modelo de vida como para recurrir a parches.

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