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ANÁLISIS

Griezmann se abraza a Messi tras recibir el centro del 1-0 en el Barça-Villarreal.

ALBERT GEA (REUTERS)

Las excepciones

Antoni Daimiel

La acumulación de excepciones puede acarrear la tentación de teorizar sobre justamente lo contrario de lo que originalmente se había dispuesto

Directores de márketing, consultoras, topógrafos, controladores aéreos,influencers y columnistas necesitan de conceptos invariables, de generalizaciones. Es condimento indispensable para transmitir conocimiento, pistas de aprendizaje y regularización. El argumento sobre el que se construye un producto, un informe, un estudio o una opinión no debería permitir volatilidad, marejada ni variaciones azarosas, como si se tratara de un sondeo de Tezanos. Pero claro, luego está el deporte. Hemerotecas, archivos de podcasts y Youtubepodrían haber acabado con las tesis ligeras o irresponsables, con toda esa amplia suerte de veleidades. Pero no. Sigue pasando, cada vez más. Y todos nos hemos acostumbrado a caminar con arena en los ojos, a convivir 24/7 con la falacia. En la misma medida en la que la crisis económica mengua la universalidad sanitaria así crece con la crisis ética la universalización de ardides y embaucamientos.

Todos nos hemos acostumbrado a caminar con arena en los ojos, a convivir 24/7 con la falacia

La culpa de toda esta decadencia la tienen las excepciones. Porque son tantas que ya ni confirman ni refinan las reglas. Por mucho que se utilice el refrán, las reglas cada vez son menos consistentes y los desmentidos son mayores. Por ejemplo, desde que en la Liga se baten récords de gasto en fichajes y presupuestos, concentrados en los dos o tres equipos más poderosos, más igualada es la competición y menos puntos necesita un equipo para proclamarse campeón.

Cuanto mejores jugadores tiene a su alrededor Messi, más necesita su equipo el doble desborde del argentino para crear la ventaja que resultará determinante. Y ahora parece que Griezmann Messi apenas hablan, pero toman mate juntos, cuando precisamente la virtud principal de esta litúrgica infusión es la de ayudar a relacionarte cuando estás con alguien y a pensar cuando estás solo.

Espíritu veleta

Sobre los ciclos sucesivos y cambiantes del deporte también se puede posar la aparente falta de discurso o criterio. Porque con pocos días de margen vemos que ocurre una cosa y la contraria, sin evocar una sencilla explicación. El analista con espíritu veleta puede justificarse con la convicción de que hay que contar a diario lo que pasa en cada momento y lo que sugiere lo que pasa. Sin embargo, en casos así, lo recomendable sería “ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre”.

Y no hay que acudir más lejos de un ejemplo reciente: cuando más se estaba destacando la vulnerabilidad defensiva del Real Madrid y la falta de capacitación como entrenador de Zidane, entonces fue capaz de dejar su portería a cero contra Sevilla, Osasuna y Atlético de Madrid. Y fue en ese momento cuando se empezó a destacar el orden y la disciplina táctica que había impuesto el francés, en el preciso instante en el que llegaron Bonaventure y su contumacia para rebobinar el diagnóstico.

Ya se sabe. La acumulación de excepciones puede acarrear la tentación de teorizar sobre justamente lo contrario de lo que originalmente se había dispuesto. Y eso pasa, está pasando, lo estás viendo. Porque el aficionado al deporte es especialmente politeísta y “vive la religión a su manera”, ajeno a los Mandamientos.