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IDEAS

 Cameron Crowe y Joni Mitchell, el pasado septiembre en San Diego. 

WIREIMAGE / BRUCE GLIKAS

Las virtudes del vino de misa

Jordi Puntí

En un café de Manhattan, cerca de la Universidad de Nueva York, los dos dependientes distraen a los clientes poniendo discos de vinilo mientras preparan los cafés. Tienen un tocadiscos en un rincón y se nota que les gusta elegir el disco, la cara A o B, dejar que suene entero y luego cambiar de cara. Es todo un ritual que han descubierto hace poco. Espero mi café y por los altavoces suena 'A case of you', de Joni Mitchell, en la versión original de 1971, de su disco 'Blue'. Observo a los dos chicos, de unos 25 años y llenos de tatuajes, camisetas con mensaje, y me doy cuenta de que se emocionan con los trinos de Joni Mitchell: hacia el final de la canción, su voz aguda toma una dimensión lírica que, para mi gusto, es excesiva para lo que quiere expresar la letra.

Joni Mitchell y David Hockney, pese a su edad y su salud delicada, mantienen una actitud vital envidiable

Digo todo esto porque 'A case of you' es una de mis canciones favoritas, probablemente estaría entre las diez mejores. Pero no la versión original que han puesto en el café, sino la que Joni Mitchell grabó acompañada de una orquesta en el disco 'Both sides now', del año 2000. A los 50 años cumplidos, la interpretación de Mitchell era más lenta y grave, como si la vida la hubiera madurado y como corresponde a una canción de desamor. La letra toma todo el sentido (traduzco): “Corres por mis venas como el vino de misa. Tienes un sabor tan amargo y tienes un sabor tan dulce... Podría beberme toda una caja de ti, y aún seguiría en pie, querido”. Cada vez que la escucho, le encuentro nuevos matices.

Hace poco vi una foto reciente de Joni Mitchell, que ahora cuenta 75 años, acompañada del pintor David Hockney, que pasa de los 80. Ambos tienen una salud delicada, pero habían coincidido en una fiesta, se cogían de la mano y se les veía radiantes con sus vestidos de colores bien combinados. Era una actitud vital envidiable, y pienso que los chicos de la cafetería que hoy escuchan a la Joni Mitchell del 1971, con su perfil más lírico -más hippy-, andan buscando precisamente el origen de esta vitalidad. Es una mezcla de ingenuidad y convicción y carácter que, en los tiempos oscuros en que vivimos, me veo obligado a ver como una esperanza de futuro.

Temas: Música