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Dos miradas

Plácido Domingo en el teatro de Les Arts en Valencia, el pasado junio.

MIGUEL LORENZO

Los repugnantes

Emma Riverola

Plácido Domingo ha sido un dios de la ópera y los dioses tienen tendencia a jugar con las voluntades ajenas

Plácido Domingo ha dimitido como director general de la Ópera de Los ÁngelesBaja el telón de su presencia en EEUU, el país que se rindió a sus pies, el mismo que puso el altavoz a las acusaciones de acoso sexual. Primero fue señalado por nueve mujeres en una investigación de la agencia Associated Press. Después se han sumado más testimonios. Lo que parece que era un secreto a voces se ha desvelado.

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La respuesta de Domingo habló por sí sola. Venía a ser un ‘no me di cuenta’ y un ‘eran otros tiempos’. Es plausible. Y moneda corriente. ¿Qué mujer con unos cuantos lustros de carrera no sabe de algún tipo repugnante en su profesión? Hombres que acosan, que provocan situaciones desagradables que pasan a ser perversas cuando el futuro profesional de la mujer está en juego. Aún más conflictivas cuando ese hombre causa admiración profesional. Domingo ha sido un dios de la ópera y los dioses tienen tendencia a jugar con las voluntades ajenas. En todos los sectores han existido divinidades repugnantes. Está bien que, aunque sea al final de su carrera, se les (re)conozca algo más que su éxito profesional.