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Mirador

Una periodista de Telecinco es increpada durante la manifestación del 1-O en Barcelona

FERRAN NADEU

¿Por qué no te vas?

Anna Cristeto

Todas las coacciones y agresiones contra periodistas merecen una condena explícita y sin titubeos

Durante la celebración del segundo aniversario del 1-O, la periodista de Telecinco Laila Jiménez fue víctima del hostigamiento de unos exaltados. Algunos de los manifestantes la insultaron, empujaron e incluso le lanzaron líquido a la cabeza. "¿Por qué no te vas?" y  "mentirosos", le espetaron. Se le impidió narrar cómo había transcurrido la manifestación independentista por las calles de Barcelona. La reportera, además, ejerció de guardaespaldas improvisada de otra compañera de Televisión Española para lograr que, ella sí, pudiera hacer su conexión en directo.

No es la primera vez que ocurre y, lamentablemente, quizá no será la última. En la pasada Diada sucedió algo parecido. A Ángela García Romero le lanzaron una piedra y recibió varios empujones. Asistimos, pues, a otro ataque contra la libertad de prensa, que es, en definitiva, el instrumento del que se nutre el derecho a la información de la ciudadanía. Los responsables de estas agresiones, tan cobardes, reclaman libertad de expresión al mismo tiempo que intimidan y agreden para que otros no hagan uso de la suya.

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Todos los ataques son intolerables. Las coacciones y las agresiones contra los profesionales de la información, vengan de donde vengan y atenten contra quien atenten, merecen una condena explícita y sin titubeos. El reproche a esas actitudes debe ser rotundo y no caben los silencios ni los mutis por el foro de los que, a golpe de tuit, denuncian la iniquidad solo cuando se comete contra los suyos. Si se condena una agresión, se condenan todas. Independientemente de la bandera que lleve el energúmeno de turno, por reproducir el epíteto que dedica Gabriel Rufián a quienes se comportaron como tales con la periodista de Telecinco.

Al acabar estas líneas se hacen notar algunas ausencias en la reprobación de los hechos. El Col·legi de Periodistes de Catalunya, el CAC y varias asociaciones lo han condenado y han reiterado que los periodistas no pueden ser objeto de coacciones. Reclaman un respeto del que todos somos corresponsables. Nuestra solidaridad y apoyo a las compañeras y compañeros que soportaron la intolerancia de algunos radicales, sean quienes sean.

*Directora de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA