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IDEAS

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida.

Emilio Naranjo (EFE)

¿Qué salvarías si ardiera tu casa?

Miqui Otero

Cierto día se incendió un edificio cerca del hogar de Cocteau. El artista estaba contemplando las llamas con un amigo, cuando este le preguntó: "¿De todo lo que guardas, si un día ardiera tu casa, qué te llevarías? Contesta rápido, sin pensar". Querido lector, te traslado la misma pregunta y resolvemos el dilema justo antes del punto final de esta columna.

Martínez-Almeida destinaría dinero a reconstruir Notre Dame antes que a salvar la Amazonia porque vive en Europa

Esta pregunta es utilísima para saber de qué pie calza una persona. Revela más de su carácter que su biografía de Twitter o Tinder, desde luego, y aún más que lo que pueda decir alguien en una entrevista de trabajo o en los medios. Esta semana, unos nenes preguntaron al alcalde de Madrid en un programa de la tele pública: ¿si solo pudieras salvar y dar dinero a un sitio, lo destinarías a Notre Dame o al Amazonas? Es decir, a reconstruir la primera o a replantar el pulmón del mundo. José Luis Martínez-Almeida, como se le pedía a Cocteau, no dudó. Se diría que incluso no pensó. Su respuesta, también su aspecto, fue digna del Profesor Chiflado: a Notre Dame, porque vivimos en Europa.

Por esta lógica, Almeida salvaría antes el Cristo de Borja que el Taj Mahal. Incluso, en otro dilema superheroico clásico, ayudaría antes a un gatito a bajar de la copa de una encina de Albacete que a un avión antes de estrellarse en los Andes.

Es bueno plantearse estos dilemas para saber en qué sitio estamos. Si quiero saber, por ejemplo, qué tipo de escritor soy, puedo rescatar la idea de Karl Ove Knausgard. El autor noruego se dedicó a airear todo tipo de secretos familiares en su novela autobiográfica de seis volúmenes 'Mi lucha'. Cuando le recriminaron si creía que eso era lícito, contestó que eso era lo mismo que preguntarle qué salvaría de una casa en llamas, un gato o un cuadro de Rembrandt. Es decir, una vida o el arte.

Los nuevos coches de conducción autónoma nos brindan muchos dilemas similares. Como conducirá un algoritmo, los programadores deben decidir si, llegado el momento, el ordenador debe salvar a una abuela o a cuatro niños. Pero Google Car, y similares, deben llevar el debate a más situaciones hipotéticas, echando mano del famoso dilema del tranvía. Por lo que es un debate recurrente si el coche decide salvar o atropellar a alguien en función de su estado de salud, raza, género, clase, edad… o si se lava las manos, desactiva la conducción automática y lo deja en manos del conductor. Porque, al fin y al cabo, eso solo lo puede decidir un ser humano. Un ser humano con sentido común, se entiende, del que carecen muchos de los políticos que conducen nuestro destino.

Querido lector, ¿has decidido ya qué salvarías si ardiera tu casa? Cocteau contestó sin titubeos: ¡el fuego!