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Referentes femeninos

Cuando nombras

EFE / ANDREU DALMAU

Cuando nombras

Jenn Díaz

Durante siglos, las mujeres hemos carecido de referentes. O bien porque los que existían estaban condicionados por la mirada masculina, o bien porque no teníamos acceso a los espacios públicos. En las últimas décadas hemos empezado a crearlos. ¿Cómo? El día en que nos dimos cuenta en que todo aquello que parecía individual, era colectivo. El día en que empezamos a darnos cuenta que lo personal era político, porque lo que nos ocurría a todas nosotras -fuera y dentro de casa- era común a nuestro género y no casualidad, y no costumbre, y no mala suerte. Era, como dice Paula Bonet, mala fe.

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Después de darnos cuenta de todo ello, hemos empezado a crear nosotras mismas los referentes. Hemos empezado a nombrar lo innombrable: lo femenino. Todo aquello que nos arrinconaba, que nos dejaba en los márgenes. Que era particular y, por tanto, no merecía la categoría de universal. Hemos empezado a nombrarlo todo para que, un día, no se sabe dónde ni por qué, alguna mujer se vea reflejada en alguno de los nombramientos.

Este fin de semana, 12 mujeres nos hemos sentado alrededor de dos mesas: en una, para hablar de Carmen Martín Gaite -y de nosotras-, la otra para empezar a grabar la experiencia de la lectura de su obra. En ambas mesas hemos podido colectivizar una serie de situaciones, momentos vitales, preocupaciones, angustias. Hemos reído y llorado, y brindado por todo a la vez. Y hemos hecho lo contrario de lo que hacemos normalmente: de lo colectivo, de la experiencia común de todas nosotras, hemos empezado a tirar del hilo -como le gustaba a la Gaite- y lo hemos bajado a la categoría de personal.

Eso es lo que pasa cuando nombras, que te despiertas. Y que duele, y escuece, y es incómodo, y te obliga a estar alerta. Es agotador, nombrar y atender a lo que las demás nombran. Pero los dos días en La Madriguera nos han reconciliado con tantas cosas. En la pared, Audre Lorde: tu silencio no te protegerá. Hay que nombrarlo todo, compañeras. Hasta lo innombrable.