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análisis

Xi Jinping.

AP / NG HAN GUAN

Un aniversario difícil para China

Georgina Higueras

La República Popular cumple 70 años lastrada por la hostilidad de EEUU, el nacionalismo periférico y la ralentización económica

Nada hacía prever en marzo del 2018, cuando la Asamblea Popular Nacional (Parlamento) reformó la Constitución china para eliminar el límite de dos mandatos presidenciales -lo que reforzó enormemente la figura de Xi Jinping-, que la celebración del 70º aniversario de la fundación de la República Popular sería tan amarga. La creciente hostilidad de Estados Unidos, convertida en guerra comercial con la batería de aranceles impuestos a partir de julio del año pasado, la ralentización de la economía azuzada desde Washington y el estallido de meses de protestas ininterrumpidas en Hong Kong han colocado a China en una encrucijada cuya salida tendrá consecuencias fundamentales tanto para ese país como para el resto del mundo.

El triunfo del Partido Comunista Chino (PCCh), el 1 de 0ctubre de 1949 se conmemora en las calles de Pekín con un desfile militar y otro civil en el que participan 100.000 personas. Sin embargo, la situación es tan delicada en Hong Kong que en esa Región Autónoma Especial han sido suspendidos todos los festejos, incluidos sus famosos fuegos artificiales.

Después de cuatro décadas de crecimiento que han permitido sacar de la pobreza a 600 millones de personas y de convertirse en la segunda potencia económica, los desafíos tanto económicos como políticos y sociales que enfrenta el gigante asiático son tan descomunales que no le sirven las recetas aplicadas hasta ahora. El impacto de la reemergencia de China no solo ha modificado el país por dentro sino también la geopolítica internacional. Cualquier decisión rotunda que tome Xi Jinping tendrá consecuencias tanto dentro como fuera de China.

Puerta al exterior

El PCCh, con una base nacionalista mucho más importante que la marxista, hizo de la integridad territorial su bandera de combate. Mao Zedong expulsó a los extranjeros y reunificó el territorio continental. Deng Xiaoping elaboró la estrategia de ‘Un país, dos sistemas”, para recuperar las colonias: la británica de Hong Kong en 1997, que entonces era su puerta al exterior y el segundo centro financiero de Asia, y la portuguesa de Macao en el 2000, mucho menor en población, economía y relevancia. Xi Jinping soñaba con aplicar esa misma fórmula para rescatar Taiwán, algo que las protestas en Hong Kong, avivadas por los independentistas taiwaneses, ha echado por tierra.

En junio, un proyecto de ley de extradición, que habría permitido entregar criminales a la China continental, puso en evidencia que el traje de ‘Un país, dos sistemas’ se ha quedado estrecho para los jóvenes hongkoneses y es impensable para los taiwaneses. Tras dos meses de manifestaciones multitudinarias, la ley se retiró, pero las costuras ya se habían roto y la continuidad de las protestas revela la dificultad de coserlas.

En estos casi cuatro meses se ha desbordado la desconfianza latente desde 1997. Pekín esperaba que los hongkoneses se integrarían en el ‘país’ durante los 50 años de vigencia de los ‘dos sistemas’, pero antes de alcanzar el ecuador lo que ha crecido es el rechazo. A su vez, los hongkoneses confiaban en que fuese China la que adoptase sus libertades civiles y la separación de los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), pero con la llegada de Xi Jinping al poder en el 2012 se hizo evidente que ese no era el camino que el PCCh iba a seguir.

Guerra comercial

El choque de trenes era inevitable y ha llegado en el peor momento, cuando China se encuentra inmersa en la guerra comercial con EEUU y la ralentización económica hace temer la desestabilización de las masas urbanas que durante 40 años han respaldado sin rechistar al partido-nación por la continua mejora del nivel de vida.

En realidad, buena parte del malestar de Hong Kong procede de las dificultades económicas de los jóvenes para adquirir una vivienda decente a un precio asumible en uno de los enclaves más densamente poblados del mundo, con 6.300 habitantes por kilómetro cuadrado. Temen que la apuesta china por Shanghai y Shenzhen convierta a la excolonia británica en irrelevante, lo que oscurece aún más sus aspiraciones de futuro.

Disidentes y algunos de los mayores críticos al régimen comunista, como Minxin Pei, miembro del 'think tank' estadounidense 'German Marshall Fund', ya ven en las actuales dificultades que atraviesa el país señales de que se avecina el fin del gobierno de partido único en China. Sin embargo, para la mayoría de los expertos internacionales el PCCh se encuentra sólidamente anclado en el poder y la población en su conjunto no se plantea la posibilidad de una democracia pluripartidista. Lo que sí parece claro es que Xi Jinping necesitará más flexibilidad de cara a poder celebrar sin restricciones el centenario del PCCh en 2021.

Temas: Xi Jinping China