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LA CLAVE

Albert Rivera, líder de Ciuidadanos.

Festival ultranacionalista

Luis Mauri

La moción de censura de Cs a Torra no es más que una artimaña electoral. Rivera intenta impedir su desfondamiento exacerbando la dialéctica entre el nacionalismo español y el nacionalismo catalán

La espera de la sentencia del ‘procés’ produce monstruos. Engendros como los que emergen del sueño de la razón y del genio de Goya. El cóctel en el que se agitan la inminente sentencia del Tribunal Supremo y la campaña electoral del 10-N puede ser lisérgico.

Ciudadanos ha presentado una moción de censura contra el ‘president’, Quim Torra. El debate empezará el lunes en el Parlament. La electrización del ruedo político quizás pueda haber hecho olvidar un dato reciente. Las últimas elecciones catalanas, celebradas hace menos de dos años, las ganó Ciudadanos. Pese a su victoria, Inés Arrimadas nunca intentó ser investida como presidenta de la Generalitat. Ella había ganado, en efecto, pero el bloque independentista sumaba la mayoría absoluta de la Cámara. Una victoria pírrica. Arrimadas no tenía ninguna oportunidad de salir airosa del lance. Declinó y cedió el paso. Por el mismo motivo, su grupo tampoco quiso nunca presentar una moción de censura. Hasta ahora.

Artimaña electoral

Ni la aritmética ni los bloques ideológicos de la Cámara catalana han variado desde entonces. La moción de censura de Ciudadanos contra Torra tiene las mismas posibilidades de prosperar que la investidura que Arrimadas nunca intentó. Es decir, ninguna. ¿Qué ha cambiado, además del relevo de Arrimadas por Lorena Roldán al frente del grupo parlamentario naranja? Hay solo dos cambios sustantivos. El primero, que dentro de 40 días hay nuevas elecciones generales. El segundo, que Ciudadanos, a diferencia de aquel invierno del 2017, cuando Albert Rivera tomaba ya medidas mentales del despacho de la Moncloa, está en alerta roja y ululante por peligro de desfondamiento.

La moción de censura no es más que una artimaña electoral. Un destello de oportunismo. Rivera intenta recuperar terreno exacerbando la dialéctica entre el ultranacionalismo español y el ultranacionalismo catalán. Ambos se retroalimentan sin fin. Fundamentalismo, sobreactuación, rasgado de vestiduras, provocación… Todos los ingredientes necesarios para dinamitar cualquier vía de entendimiento. El sueño de la razón. Los monstruos.