Análisis

1-O: fracaso múltiple

La ciudadanía, dividida casi por la mitad entre independentistas y no independentistas, sufre ahora las consecuencias

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Carga policial en el IES Ramon Llull, en el referéndum del 1-O.

Carga policial en el IES Ramon Llull, en el referéndum del 1-O. / FERRAN NADEU

El segundo aniversario de la realización de un llamado referéndum demuestra de una manera evidente hasta qué punto fracasaron los dos gobiernos que intervinieron y, también, los diversos protagonistas de ambas partes.

El día 1 de octubre de 2017 se abrieron con papeletas y urnas casi todos los colegios electorales de Catalunya siguiendo las previsiones de la organización de la votación. Hacía meses que el Gobierno del Estado por boca de sus más altos representantes aseguraba que no habría ni urnas, ni papeletas y que, consecuentemente, no habría votaciones.

No deja de ser significativo que aún hoy ninguna de estas personas, Rajoy, Santamaría, Zoido o Catalá, haya dado explicaciones convincentes y creíbles de su incapacidad para detener un evento prohibido y que ninguna de ellas hubiera dimitido por su manifiesta incompetencia.

La policía en el 1-O

La actuación represiva de la policía nacional y la guardia civil, con unas grabaciones virales que han dado la vuelta al mundo y han dañado la imagen de la democracia española, tampoco ha merecido la asunción de responsabilidades por parte de quien ordenó este comportamiento del todo injustificable ante personas que iban a votar.

En síntesis, este día culminaba el despropósito del Gobierno del PP de negarse a resolver por la vía del diálogo y la negociación un complicado conflicto político con Catalunya y de confiar en su envío a la justicia para resolverlo

Por parte del gobierno catalán, sin embargo, no hay ninguna razón para felicitarse. Después de las sesiones parlamentarias de los días 6 y 7 de septiembre y de las comunicaciones escritas de los tribunales sobre qué hacer y qué no, sistemáticamente ignoradas y desobedecidas por los receptores, mantuvo la convocatoria de un referéndum que no cumplía ningún requisito para recibir este nombre y que estaba prohibido, y evitó que los Mossos, en coordinación con las otras fuerzas de seguridad, participaran en impedir la votación. Los acontecimientos posteriores del mes de octubre y, específicamente, la no convocatoria por parte de Puigdemont de elecciones anticipadas en Catalunya, desembocaron en la aplicación del artículo 155 y en un ejercicio continuado, hasta hoy, de desgobierno, o, para ser más precisos, de no gobierno. Además, los discursos de Torra corresponden más a un agitador que a un presidente.

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La ciudadanía dividida, casi por la mitad, entre independentistas y no independentistas sufre las consecuencias de este fracaso institucional y de las entidades que pretenden representar el independentismo, la ANC y Omnium Cultural. En efecto, el último Onze de Setembre fue el menos concurrido, el porcentaje de las encuestas comienza a moverse a la baja y la división entre los partidos independentistas incrementa la confusión y el desánimo.

Nos esperan días difíciles a partir de la sentencia del Tribunal Supremo, las últimas detenciones y la convocatoria de elecciones generales, pero habría que no reiterar los errores del pasado por parte de todos y tratar de enfocar el futuro desde el respeto, la responsabilidad y el bien común.