18 sep 2020

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OPINIÓN

Piqué, protagonista esta semana por la celebración de la Copa Davis. 

VALENTÍ ENRICH

La pipa de la paz

Sònia Gelmà

Las palabras de Piqué demuestran precisamente la veracidad del artículo que tanto le ha molestado: el poder de un vestuario que interpreta a su manera el organigrama del club.

No es la mejor manera de tender la mano. Aparte de ser un contrasentido, resulta poco diplomático pedir unión depositando un cartucho de dinamita ante los medios de comunicación. Pero es la manera de que nadie se lleve a engaño. Las palabras de Piqué demuestran precisamente la veracidad del artículo que tanto le ha molestado: el poder de un vestuario que interpreta de manera muy particular el organigrama del club.

Gerard Piqué es un triunfador. Se dedica a lo que le gusta, lo disfruta, y le pagan mucho por ello. Cubre sus otras inquietudes profesionales con proyectos que le motivan. Desde fuera se podría decir que lo tiene todo, y por eso se hace difícil entender que un artículo periodístico pueda perturbar su paz. Pero ya que se ha aficionado a interpretar, sería interesante que Piqué se preguntara si la imagen de la directiva sale beneficiada en un recopilatorio de concesiones al vestuario. Porque como dice el manido refrán, ante el vicio de pedir está la virtud de no dar. Y esta directiva queda en muy mal lugar, de tanto dar. Pero más allá de la ofensa al autor del artículo, Xavier Bosch, que obviamente no escribe al dictado de nadie -y que tampoco necesita mi defensa- lo relevante de las declaraciones de Piqué es que se permite el lujo de lanzar una advertencia pública a la Junta Directiva.

Piqué sitúa al vestuario en el mismo escalafón que la directiva. La lógica del central se entiende desde el momento en el cual tampoco se limitó a su parcela cuando intermedió en el acuerdo con Rakuten para que fuera el patrocinador principal del club. Si sus aptitudes empresariales sirven para cerrar un acuerdo multimillonario, debe resultar incómodo llamarle la atención cuando meses más tarde su empresa produce un documental en el que deja en ridículo a su directiva. Tras aquello, Piqué les recordó que, si querían alguna cosa, tenían su número de teléfono. Imaginamos que será el que utilice ahora Bartomeu en una conversación que cuesta imaginar como una reprimenda.

Equilibrio de poderes

Las tensiones entre la directiva y el vestuario no son ninguna novedad en la historia de este club. Los privilegios se ganan a base de resultados y es solo a partir de las derrotas cuando se puede replantear el equilibrio de poderes. El final de la temporada pasada provocó que la directiva viera una grieta para recuperar algo de autoridad. La victoria en Getafe ha normalizado la clasificación de la liga, así que tocará fumarse la pipa de la paz.

No se quieren enfadar. Ni los unos ni los otros. Por eso es probable que en unos días veamos la imagen del presidente estrechando la mano a Piqué, quizás antes de un entrenamiento. La escenificación de la paz acostumbra a darse en estos términos. Y aunque todos seamos conscientes de lo artificial de la situación, lo daremos por bueno. Si ambos acceden a la fotografía significa que hay armisticio. A nadie le conviene una guerra, pero menos aún a Bartomeu, que ya ha recibido más de un aviso con bala. Quizás la próxima vez vuelen granadas.