09 jul 2020

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Al contrataque

La portavoz de Cs, Lorena Roldán, tras ganar las primarias catalanas.

Gerard Artigas (Acn)

Usar a los muertos

Najat El Hachmi

Si a quienes vivimos en Vic aquella ignominia de forma tangencial el gesto de Lorena Roldán nos pareció de una bajeza moral innegable, imagínese cómo se sintieron los que perdieron hijos, hermanos, maridos

No fue más que un momento: levanté la vista y vi a la diputada Lorena Roldán moviendo una fotografía como quien muestra la oferta del día en una parada del mercadillo. No sé lo que decía la de Ciudadanos, no podía escuchar sus palabras porque no podía apartar los ojos del papel que sacudía en el aire. ¿Realmente era eso lo que estaba pasando? ¿Era de verdad que una persona como usted y yo, que en algún momento de la vida debe haber sentido el dolor de la pérdida o tiene el grado de humanidad mínimo para poder imaginar lo que comporta, estaba mostrando como si de un bacalao seco se tratara la instantánea que plasma una tarde imposible de olvidar? ¿De verdad, señora Roldán, que le pareció una buena idea ensuciar la memoria de los muertos de esa forma? ¿Saltarse todas las líneas rojas? ¿Ni un solo segundo se planteó lo que su gesto podía suponer para los supervivientes de ese día fatídico de mayo? ¿Se paró un momento a reflexionar sobre el significado de la cara llena de sangre del guardia civil? ¿Sabe cómo se llamaba la niña que llevaba en brazos? ¿Podría decirnos ni que sea un solo nombre de quienes quedaron para siempre atrapados bajo los escombros del edificio?

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Me temo que no. Por sus gestos, por la cara enfurecida, por el discurso crispado, señora Roldán, no creo que se fijara ni un momento en la instantánea que tenía en las manos. Como todos los carteles que su formación saca en el Parlament con titulares destacados o datos que sirven para demostrar lo que defienden. Qué tristeza que lo que supuso todo el dolor del mundo para unas cuantas familias acabe entre sus papeles y usted, con la adrenalina por las nubes buscando un mayor impacto en la audiencia, no se lo pensara ni dos veces. Rebuscó entre los cartelitos y sacó el que creyó que haría más ruido. Pues ya le digo que en mí, que a dos calles del lugar del atentado escuché el temblor de los cristales, que recuerdo la conmoción de los días que siguieron, que era una de las alumnas a quienes la maestra tuvo que explicar que dos de nuestras compañeras ya no volverían más, en mí su gesto no provocó ruido sino que reavivó el dolor que supuso descubrir la muerte absurda con 11 años de edad. Si a quienes vivimos aquella ignominia de forma tangencial su gesto nos pareció obsceno, chapucero, de una bajeza moral innegable, imagínese cómo se sintieron los que perdieron hijos, hermanos, maridos.

Bájese un poco del carro de la comunicación política, señora Roldán, usted y todos los que han perdido todo respeto por la ciudadanía que representan, incluidos todos los que convierten las sesiones parlamentarias en un espectáculo indecenteNo todo vale, hay límites que no se tendrían que traspasar nunca. Defiendan con argumentos sus posiciones políticas y dejen en paz a los muertos.