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al contado

El Ibovespa de la Bolsa de Sao Paulo, la principal de la región, restó un 0,58 %. 

EFE

La desaceleración y la hipoteca de una familia de Detroit

Agustí Sala

El mix de globalización y digitalización propicia las burbujas, que siempre acaban estallando

Tirando del hilo, con la crisis financiera que estalló en el 2008, descubrimos que el impago de una hipoteca por parte de un cliente en Detroit, Michigan (EEUU) podía afectar a nuestro fondo de inversión vía activos financieros 'fabricados' con préstamos 'subprime' o basura para la compra de vivienda.

El Banco de Pagos Internacionales (BPI), que agrupa a los principales bancos centrales del mundo, avisó esta semana: hay entidades financieras que están empaquetando como activos financieros créditos empresariales impagados o dudosos que se compran y venden. 

El fenómeno no ha adquirido todavía un volumen peligroso, pero por algo se empieza. De ahí el aviso. Ya advertía el sabio John Kenneth Galbraith de lo corta que es la memoria financiera. "El mundo de las finanzas saluda la invención de la rueda una y otra vez, a menudo en una versión un poco más inestable", afirmaba.

La nueva variable de los activos financieros tóxicos, en caso de que nadie le ponga coto, sería un catalizador para una crisis o recesión global, que ya cuenta con variables que la alimentan suficientemente como el 'brexit' o la guerra comercial entre EEUU y China. Crucemos los dedos.

En una España inmersa en una desaceleración económica, que está resultando ser más intensa de lo que se había previsto inicialmente, tal como ha certificado esta semana el Banco de España, no es una buena noticia.

Y más cuando carecemos de Gobierno, estamos en precampaña electoral y con un bloqueo político que ya veremos si las elecciones del 10-N permiten romper. Grandes cuestiones como un sistema de financiación autonómica caducado desde el 2014 o la sostenibilidad del sistema de pensiones tendrán que esperar a tiempos mejores, si es que estos llegan a una política dominada por el cortoplacismo electoral.

La globalización supone borrar de un plumazo las fronteras geográficas para las mercancías y los servicios --no tanto para las personas, a las que aún se valora sobretodo por su riqueza--. La digitalización ha multiplicado los efectos de este proceso imparable y las posibilidades de que surjan burbujas y, evidentemente, de que periódicamente estallen. El mundo financiero, que el historiador Niall Ferguson denomina el 'Planeta Finanzas'  supera con creces en valor al 'Planeta Tierra'. Y cada vez se engorda más.

No es raro entonces que tengamos que estar algo pendientes de lo que hace la familia hipotecada de Detroit, aunque ahora parece que deberíamos prestar más atención al propietario de una fábrica en Wichita, Kansas (EEUU) que no podía pagar sus créditos, no sea que nos de un disgusto. Cuánta razón tenía Galbraith.