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Ciclos vitales

Una niña acompañada de personas mayores, en una calle de Barcelona.

JULIO CARBÓ

Teoría de los años acabados en nueve

Juli Capella

Cada cumpleaños acabado en nueve, descubres que algo concluye y se atisba una nueva aventura futura. Las cuatro primeras décadas con gran ilusión, las siguientes con inquietud progresiva

Una teoría de Osho explica que la vida está pautada por ciclos de siete años. Cuando cumples los 7 se abandona la infancia. A los 14 comienza la adolescencia con sus dudas. A los 21 la juventud y su ambición, que a los 28 se atempera para iniciar la estabilidad, que apuras hasta los 35, cuando asoman los miedos. Llega la madurez con los 42, que dejará paso a un periodo de equilibrio, que a los 49 debería ser ya de sabiduría, coronada a los 56. Todo encaja.

Pero yo creo –teoría igual de chorra que la de Osho– que más bien la vida se divide en edades según décadas acabadas en nueve. Cada cumpleaños acabado en nueve, descubres que algo concluye y se atisba una nueva aventura futura. Las cuatro primeras décadas con gran ilusión, las siguientes con inquietud progresiva.

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A los 9 años deseas fervientemente tener ya 10, conquistar dos cifras, ser mayor. A los 19 abandonas por fin miedos y complejos para empezar a disfrutar de lo lindo tu propia vida. A los 29 te dicen de que vas a entrar en los mejores años de tu vida y comienzas a buscar seguridades, pareja y trabajo. A los 39 te autoengañas con esperanzas de que ahora sí que viene lo mejor, y que hasta aprenderás inglés y a tocar el piano. Además, por fin tendrás dinero. A los 49 sientes el vértigo del equinoccio vital, vas a ser cincuentón. Por primera vez miras atrás y tienes algún escalofrío. A los 59, –que yo cumplo el día de la Mercè– ves que la cosa va en serio, se acerca la década de la jubilación que jamás anhelaste. Has ido dejando atrás algunos amigos, has perdido pelo y ganado en paciencia y eficiencia. Caes en la cuenta de lo que dijo Picasso pero hasta la fecha no habías entendido, “uno empieza a ser joven a los 60 y entonces ya es demasiado tarde”. Y sueñas con llegar a los 69, esa cifra tan redonda y sensual para poder contarlo con salud. Y de nuevo, de nueve en nueve, 79, 89, 99, en paz hasta el hoyo. De hecho, todo empezó con un bebé de 9 meses lloricón y curioso dispuesto a comerse el mundo.