26 feb 2020

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'Impeachment' a Trump

"We the People"

MONRA

"We the People"

Pedro Rodríguez

¿Qué es, y qué no es, el proceso de enjuiciamiento político planteado por la Cámara de Representantes de Estados Unidos contra el presidente?

La palabra 'impeachment' ha vuelto para quedarse en la jerga política de Washington. Desde el minuto cero de su presidencia, Donald Trump ha gobernado enfrentándose a la posibilidad de un enjuiciamiento parlamentario. Con todo, una combinación de cálculos y consideraciones había conseguido disipar y ralentizar ese riesgo. Entre estos factores figuraban la reluctancia de los líderes del Partido Demócrata a entablar una batalla que sabían perdida de antemano en el Senado con mayoría del Partido Republicano; la investigación no concluyente del fiscal especial Robert Mueller; y, sobre todo, el riesgo de entregar una formidable baza electoral a Trump de cara a las presidenciales del 2020.

Todo este conformismo pragmático ha terminado con la decisión adoptada por la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes de iniciar un juicio político contra Trump. Al final, este 'impeachment' se ha hecho inevitable ante la temeraria actuación del presidente, denunciado por funcionarios de los servicios de inteligencia por presionar a Ucrania para investigar al exvicepresidente Joe Biden y su hijo. Dentro de esta trama que rezuma corrupción política al más alto nivel, la Casa Blanca habría llegado a suspender la ayuda militar concedida por el Congreso a Kiev al mismo tiempo que se exigía la ayuda de las autoridades ucranianas para desacreditar a uno de los principales rivales de Trump en su campaña de reelección.

Evitar abusos de poder

Para entender la lógica del 'impeachment' en el sistema político americano hay que remontarse al diseño constitucional de 1787. Durante aquel húmedo y caluroso verano en Filadelfia, la obsesión existencial de los 'Founding Fathers' por evitar la concentración y el abuso de poder se tradujo en un ejemplar sistema de 'checks & balances' (controles y equilibrios). Por eso, bajo la inspiración del derecho consuetudinario anglosajón, se incorporó el 'impeachment' a la Constitución como una herramienta, mucho más política que judicial, para poder exigir responsabilidades a los presidentes de EEUU.

Dentro del artículo 2 de la Constitución dedicado al Ejecutivo federal, la Sección Cuatro incorpora el enjuiciamiento político con pena de destitución como respuesta al novedoso modelo de presidencia unitaria formulado en Filadelfia hace más de dos siglos. En un tiempo en el que mundo era gobernado por monarcas absolutos o tiranos, las alternativas para cambiar la estructura de poder solían incluir la violencia, ya que casi siempre había que cortar el cuello a alguien para poder pasar página.

Como argumenta el profesor Cass R. Sunstein, en su elocuente libro 'Impeachment: A Citizen's Guide', la posibilidad de entablar un juicio político contra el presidente hizo aceptable esa institución unipersonal en una nueva nación empeñada en avanzar por la senda del republicanismo igualitario y no abandonar sus tradiciones de autogobierno. Por eso se estipuló la opción de prescindir de aquellos futuros ocupantes de la Casa Blanca que abusaran de su privilegiada posición.

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La mecánica del 'impeachment' reserva a la Cámara de Representantes por mayoría simple el inicio de este proceso. Al Senado, bajo la presidencia del magistrado jefe del Supremo, le corresponde enjuiciar los cargos formulados por la Cámara baja. El umbral en el Senado para un veredicto de culpabilidad, y la consiguiente inhabilitación, resulta deliberadamente alto: una mayoría de dos tercios. Y de hecho, en los dos únicos casos de 'impeachment' consumados en la historia presidencial americana (Andrew Johnson, el sucesor del asesinado Lincoln, y Bill Clinton) no se alcanzó ese listón mientras que Richard Nixon optó por dimitir al inicio del proceso de acusación.

Dentro de esta peculiar tradición política, habría que insistir en lo que no es un 'impeachment'. Esta crisis constitucional controlada no es un atajo en la colina del Capitolio para ajustar cuentas entre rivales políticos. No es una vía para alterar 'ex post facto' el resultado de unas elecciones. Y por supuesto, no es una moción de censura en la que se reconfigura una nueva mayoría parlamentaria suficiente como para respaldar un cambio de gobierno.

En definitiva, el 'impeachment' no es un dudoso recurso para aquellos que cuestionan con toda vehemencia las decisiones tomadas desde el Despacho Oval. Según el profesor Sunstein, se trata un poderoso recordatorio constitucional de que en Estados Unidos, el poder reside en 'We the People' y que, según la tan citada anécdota de Benjamin Franklin, el gigante americano es una república siempre que sus ciudadanos sean capaces de mantenerla.

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas.