Ir a contenido

IDEAS

El éxito de la Mercè, tres claves

ELISENDA PONS

El éxito de la Mercè, tres claves

Xavier Bru de Sala

Antes del éxito, nadie habría dicho que la fórmula, hasta entonces inédita, del despotismo ilustrado progresista, resultara idónea. Además, mejora y se despliega de año en año. Como aseguran testigos foráneos de diversas épocas, Barcelona, ​​la castigada, la sitiada, la bombardeada, ha sabido mantener a lo largo de los siglos un sello festivo, alegre, convivencial. El optimismo vitalista es sin duda el mejor remedio contra las heridas, el único capaz de suturar y conjurar el dolor y borrar las cicatrices. Después de la etapa gris del franquismo, la Mercè reconectó la ciudad, y la ciudadanía, claro, con esta tradición: la fiesta como el complemento y la otra cara de las bullangas.

Después de la etapa gris del franquismo, la Mercè reconectó la ciudad, y la ciudadanía con esta tradición

La segunda clave, asimismo medio oculta, del éxito, es el protagonismo del consistorio en la vida de la ciudad. Ya antes de 1714, el plural y representativo Consejo de Ciento municipal rivalizaba con la Generalitat como centro de poder. Más tarde, cuando el país se quedó sin instituciones públicas permanentes, el ayuntamiento hizo las veces de sustituto. De ahí su peso, su presencia, el perímetro de influencia, la consideración, incluso la veneración que se aloja en el subconsciente colectivo. En una ciudad y un país que tienden a la horizontalidad, por contraste irreconciliable con la España castellana, vertical y envarada, el ayuntamiento ha sido el único antídoto que ha sabido paliar la anarquía subyacente sin repartir palos.

'Last but no least', la Mercè ha sabido afianzar la vocación, también secular, de 'cap-i-casal' de Barcelona. La cultura popular catalana, en casi toda su diversidad y extensión (solo falta un poco más de atención a las Terres de l’Ebre) no tiene otra cita anual para reunirse. Cada pueblo y ciudad tiene su fiesta, y Tarragona Santa Tecla, pero con su fórmula inclusiva, Barcelona convierte la suya en la de todos. No hay cuarta clave. Por mucho condimento ideológico en los pregones o en los abrazos a Beirut que le echen, los usuarios de la fiesta se reconocen en las claves de verdad, no en las impostadas.