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Dos miradas

La inclemencia de la miseria es superior a la de los elementos. La segunda es ciega; la primera retumba el cerebro de quienes miramos las noticias a cobijo

Este verano han muerto muchas personas ahogadas. En circunstancias que podríamos calificar de normales, es decir, sin la presencia sobrevenida de tormentas, oleajes o vientos. Sin que se pueda hablar, en general, de temeridades. Personas que han muerto tratando de salvar a otras, personas mayores que han sufrido un ataque, algunas personas que se han enfrentado sin ser conscientes de la alevosía de unas aguas que parecen apacibles.

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Este fin de semana, sin embargo, en Platja d'Aro, hemos asistido a la muerte más terrible, la más triste. Se desconocen con detalle las circunstancias, pero el hecho es que, después del diluvio, se encontró a un hombre ahogado en el almacén de una empresa, donde dormía porque el propietario, amigo suyo, se lo cedía. En una calle tranquila, una pendiente notable hasta los bajos, una pequeña puerta metálica que no se puede abrir por la fuerza del agua que penetra por las rendijas. Tuvieron que bombear miles de litros para rescatar el cuerpo. Minutos de angustia, de impotencia, de soledad. La inclemencia de la miseria es superior a la de los elementos. La segunda es ciega; la primera retumba el cerebro de quienes miramos las noticias a cobijo.