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ANÁLISIS DEL ÚLTIMO RIDÍCULO AZULGRANA

El Barça empieza a tener dolor de cabeza en esta Liga

AP / MIGUEL MORENATTI

¿En serio vamos de este palo?

Emilio Pérez de Rozas

¿En serio vamos de este palo?  ¿De verdad, el plan de este año es empezar haciendo el ridículo? ¿Me lo dicen en serio? ¿De verdad la estrategia consiste en que te pinten la cara en San Mamés en el último minuto, casi, casi, como hizo el Liverpool en aquel córner de patio de colegio?

Me lo dicen en serio. Me están contando que estos chicos, todos, sí, sí, todos, ahí ya no hay ningún pobre (y perdonen que hable de dinero, de lo contrario que cobren 150.000 euros), volvieron a ser desmaquillados en El Sadar ante el más modesto de los equipos.

Me están explicando que esa colección de estrellas aún es capaz de jugar peor de lo que hicieron en esas dos salidas. Pues sí, el ridículo de Granada fue tremendo. Y como se da por la tele, lo vio el mundo entero.

1.000 millones ¡señores! 1.000 millones

Y, sí, puede que los periódicos, las redes sociales y las tertulias se llenen de expertos, de sabios, de gurús, que pidan la cabeza de Ernesto Valverde. Al fin y al cabo, él se sabe, desde el mismo día que se instaló en Barcelona, el eslabón más débil de la cadena. Y, encima, asumió, como toca, la máxima responsabilidad del revolcón de Granada, ante otro recién ascendido donde el Barça ¡señores, que estoy hablando del Barça, con 1.000 millones de presupuesto! volvió a fallar, a no jugar a nada. Y donde, de verdad, un equipo normalito debía ganar sin instrucciones. Como en Pamplona, como en la ‘catedral’, sino que no ganen lo que ganan.

De lo contrario, en serio, que no se dedique a organizar (dicen que en sus horas libres, que al parecer son muchas, demasiadas, pues podrían quedarse durante horas a tirar corners y lanzar faltas a la escuadra cuando acaban sus entrenamientos) la Copa Davis. O que dejen para otros lanzar una línea de ropa ‘cool’. O que se olviden, por unos días, de reivindicar un puesto fijo en la portería de la selección alemana. O a pedir respeto por su historial, como hacen los que han sido puestos en el escaparate y en el mercado este verano, que por algo sería, además de para hacer caja.

De verdad me están contando que vamos de este palo. Me lo dicen en serio. Pues sí, nada hace pensar que este no será el camino que nos espera de aquí a junio. Desde luego, a ellos, a los jugadores, a los ‘putos amos’ de este negocio, no se les ve demasiado preocupados.

Falta hambre, pasión, ilusión

Parece que se les ha contagiado la misma ausencia de hambre, ganas de comerse el mundo, deseo de permanecer que a los de la capital, hartos de sacar brillo a sus trofeos y cansados de buscar la manera de rentabilizar los millones acumulados.

Porque una cosa es ser rico y otra, muy distinta, ser un deportista de élite. Una cosa es intentar, querer y perseguir la victoria y otra, muy diferente, ser arrollado por un tsunami de ilusión, de deseos de morder, de hacerles ver que la pasión, el hambre, es lo único que mueve a los auténticos campeones. Por eso el único que brilla, que se come el campo, tiene 16 años, por eso.

Por eso callan, por eso no salen a la zona mixta, por eso no hablan, por eso no cuentan lo que les pasa. Porque no les pasa nada, simplemente han decidido elegir los partidos donde jugar mientras asisten al sorteo de la Copa Davis, lucen su nueva marca de ropa o discuten con el presidente del Bayern de Munich.

Yo ya he decidido creerme todo, absolutamente todo, lo que se dice y se murmura de ellos. Si cualquiera de nosotros trabajásemos las horas que trabajan ellos con sus resultados, seríamos despedidos bastante antes que Valverde. Digo Valverde porque a ellos, desde luego, no les pasará nada. Ni siquiera el martes, cuando salten al Camp Nou donde debería de recibirles un diluvio de pitos y una pancarta que dijese “devuélvanme el dinero del abono”.

Temas: Messi