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CHEQUEO

Los líderes del PP, Pablo Casado, y del PSOE, Pedro Sánchez, en un debate electoral el 22 de abril del 2019.

Reuters

El peligroso truco del "o yo, o el caos"

Rosa Maria Sánchez

Frente a los espejos deformados del túnel electoral, la desaceleración se transforma en una catástrofe de la que solo la puede librar el líder de turno

Se suele decir que cuando empieza una guerra, la primera víctima es la verdad y algo de eso sucede también en la economía cada vez que se inicia un periodo electoral.

Cuando se anuncian elecciones la economía se adentra en un túnel de espejos deformados del que solo logra salir con magulladuras en la confianza de los ciudadanos cuando las urnas se vacían.

Y la confianza, en este momento, es un bien muy delicado que ningún eslogan electoral se debería atrever a dañar.

La economía española —y la europea y la mundial— se encuentran en una fase de desaceleración con evidentes riesgos a la baja relacionados con el entorno exterior (guerra comercial y ‘brexit’ sobre todo). Dependiendo de cómo evolucionen estos y del acierto en las respuestas de política económica, la desaceleración será un bache del que se podrá salir adelante o el inicio de una crisis.

Desaceleración es la realidad a día de hoy. Pero a las puertas de la realidad aumentada de las elecciones, la desaceleración empieza a adoptar para unos y otros la pose de casi una catástrofe de la que solo la podrá librar el candidato de turno.

Dice el líder del PP, Pablo Casado, que situaciones como esta ya la vivimos en el 2008, cuando en plena campaña electoral el socialismo de Rodríguez Zapatero negaba la crisis que luego se convirtió en una recesión económica de cinco años.

Dice el líder del PSOE, Pedro Sánchez, que ahora que vienen curvas no hay que dejar la gestión de una posible crisis futura en manos de quienes aprovecharon la anterior para laminar derechos.

Y a las puertas del túnel pasan cosas que antes eran imposibles, como el desbloqueo del dinero autonómico que antes era imposible entregar a las comunidades sin incumplir la ley.

Hay demasiadas incertidumbres sobre la mesa para hacer de ellas un juego prometedor de votos. Porque eso puede dañar la confianza en el futuro para acabar cayendo en la trampa de las profecías autocumplidas.

La lógica del “o yo o el caos” se abre paso a las puertas de túnel electoral, mientras que fuera del bucle político domina la prudencia.

Dos agencias de calificación de riesgos -Standard & Poor’s y DBRS- acaban de elevar la calificación sobre la solvencia de la deuda pública española y aunque el movimiento ha sido muy leve, ha sido a mejor, no a peor. 

No ignoran ninguna de ellas los peligros que acechan a la vuelta de la esquina. La palabra es incertidumbre. Y a la hora de señalar algunos de los riesgos no olvidan citar la reciente incapacidad mostrada por los líderes políticos españoles para formar un Gobierno fuerte, capaz de poner en marcha las reformas de fondo, tal vez impopulares, que necesita la economía española.

Esos políticos que se pueden presentar a partir de ahora como el “o yo, o el caos” parecen ser uno de los riesgos que acechan a la economía y deberían tenerlo presente antes de adentrase en el túnel.