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Refundar el sistema

Un sintecho rodeado de motivos navideños que él mismo y un amigo colocaron en el exterior de la estación de metro de Green Park, el 16 de diciembre, en Londres.

GETTY IMAGES / CHRIS J. RATCLIFFE

El 'reset' del capitalismo

Olga Merino

Dos 'biblias' del liberalismo económico, el rotativo 'Financial Times' (FT) y la revista 'The Economist', defensores a ultranza del libre mercado, coincidieron la semana pasada en aplicar un correctivo al capitalismo

Estamos surfeando una ola gigantesca. Las grandes transformaciones, que en los manuales de historia se condensan en apenas un par de párrafos, necesitan el concurso de décadas, si no de siglos, para cristalizar, y ahora mismo, aun cuando el viento arrastra síntomas evidentes, falta perspectiva para aquilatar el alcance de los cambios. El jinete no repara en el polvo del camino mientras galopa. ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué diablos puede hacerse? En este sentido, resulta muy esclarecedor que las dos ‘biblias’ del liberalismo económico, el rotativo ‘Financial Times’ (FT) y la revista ‘The Economist’, defensores a ultranza del libre mercado, coincidieran la semana pasada en aplicar un correctivo al capitalismo. ¿Se habrán vuelto hippies en la City y Wall Street?

 El ‘FT’, el rey del papel salmón, amaneció el último martes con una portada inmensa, de las que se comen la contra: sobre un fondo de color amarillo destacaba un titular en letras negras de molde que rezaba ‘El capitalismo necesita un reset’; o sea, lo mismo que el ordenador cuando se ofusca. El diario hablaba de una “nueva agenda capitalista” para refundar las bases de un sistema que cruje desde la crisis global de hace una década. Mientras, el último número de ‘The Economist’ alerta de la crisis climática y la necesidad de moderar los beneficios empresariales para salvar el planeta.

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Bien es cierto que el golpe de efecto del ‘FT’ encubre una operación de márketing muy bien pensada para renovar su imagen y ganar suscriptores, tan necesarios en la dura batalla del periodismo —el miércoles se repartieron 7.000 ejemplares gratis en Nueva York y durante 24 horas se pudo acceder libremente a los contenidos del diario por internet—. Sin embargo, no todo era truco y traca, porque un artículo en las páginas interiores, firmado por Martin Wolf bajo el título de ‘¿Por qué el capitalismo amañado está dañando la democracia liberal?’, resultaba sorprendente en el diagnóstico: los ricos son más ricos, los pobres más pobres, la clase media no chuta, baja el crecimiento y la desigualdad crece en paralelo a la degradación de las democracias. La culpa, venía a decir el columnista, no es de la deslocalización de las empresas, ni de la mentira populista de que los inmigrantes que nos ‘roban’ el trabajo, sino de las “élites rentistas extractivas” que no redistribuyen el capital y cuentan con demasiados agujeros legales para desviarlo. Por su parte, ‘The Economist’ apelaba a la responsabilidad: luchar contra el calentamiento global costará miles de millones, y habrá que ayudar a los países pobres con diques, plantas desalinizadoras o cultivos resistentes a la sequía.

¿La solución? Desde hace un tiempo el economista norteamericano Joseph Stiglitz viene hablando del “capitalismo progresista” para salvar el sistema de sus propias garras logrando que los mercados estén al servicio de la sociedad. ¿Acaso es posible? Para eso se supone que sirven los políticos, para pensar. Para eso se ganan el sueldo. Para eso habrá que ir votar otra ‘maldita’ vez. Ya es tiempo de que ellos también se ‘reseteen’.