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Al contrataque

Jon Sistiaga hablando con la cantante Bebe en el programa ’Tabú’.

MOVISTAR

'Eskerrik asko', Maixabel

Carles Francino

El documental 'Zubiak', de Jon Sistiaga, sobre los encuentros entre víctimas y verdugos de ETA incluye un monumental ejemplo de coraje cívico y dignidad

- Nosotros compartimos ya una historia, y hasta que uno de los dos desaparezca eso estará siempre ahí.

- Tienes razón, lo compartimos.

- Y te deseo lo mejor, ya lo sabes. Os merecéis otra oportunidad.

- Lo sé, lo sé. Gracias…

Estos fragmentos de conversación ante unos enormes ventanales y con dos copas de vino blanco sobre la mesa no corresponden a ninguna pareja entonando un adiós civilizado. No se trata tampoco de ninguna secuencia del último drama romántico, ya sea en pantalla de cine o en serie de televisión; pero drama sí que tiene de fondo, ¡ya lo creo! La mujer que desea suerte a su interlocutor y que apuesta por las segundas oportunidades se llama Maixabel Lasa; es la viuda de Juan Mari Jáuregui, socialista, que fuera gobernador civil de Guipúzcoa y que cayó asesinado por ETA, donde por cierto había militado de joven. Y el destinatario de sus buenos deseos es Ibon Etxezarreta, uno de los integrantes del comando que precisamente mató a su marido.

Asisto conmovido a la proyección de ‘Zubiak’ (puentes), un documental del periodista Jon Sistiaga que se ha presentado en el Festival de San Sebastián y que incluye este monumental ejemplo de coraje cívico y dignidad. Ibon y Maixabel se conocen desde hace cinco años, cuando el exetarra -que sigue cumpliendo pena de cárcel por sus crímenes- se acogió a la 'Vía Nanclares' y participó en los encuentros entre víctimas y verdugos que tan sanadores han resultado, según sus propios protagonistas.

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La suya es una relación consolidada, si nos atenemos a cómo se sirven la ensalada o parten el pan; hay detalles que no se improvisan. Y me quedo pensando si yo sería capaz de algo así; y no sé si admirar a Maixabel o envidiarla; o verla como un bicho raro… pero ella misma resuelve la duda cuando admite que la madre de Ibon también habrá tenido que sufrir mucho. Y estoy de acuerdo en que ese dolor debe tenerse en cuenta también para resolver la endiablada ecuación planteada por el terrorismo.

Si alguien olfatea equidistancia en esta reflexión, no voy a molestarme en contradecirle, porque las sensaciones son personales e intransferibles. Yo no tengo ninguna duda de dónde estoy en este asunto -ni en otros- y desde luego no es a medio camino de nada. Pero celebro que en un momento en el que la empatía -ponerse en la piel del otro- parece proscrita del paisaje público, alguien como Maixabel nos haya dado una lección magistral. ‘Eskerrik asko’.