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al contado

Vista general del hemiciclo del Congreso de los Diputados 

EFE/ ZIPI

Tranquilos, la crisis ya nos la montamos nosotros solos

Agustí Sala

Los indicadores más recientes apuntan a que el crecimiento cada vez será menor y el bloqueo político ayuda poco a revertirlo

En el horizonte surgen cada vez más nubarrones, que se ciernen sobre la economía a escala global. Muchas variables, que van de los efectos de un 'brexit' duro a los de una guerra comercial muy agresiva entre EEUU y China, ensombrecen el panorama.

En un contexto internacional dominado por la incertibumbre se requieren administraciones, autoridades que pulsen el botón más adecuado ante posibles zozobras. Alguien debe llevar el timón. Lo peor que puede suceder es que un barco en una tormenta carezca de timonel.

En los últimos días se han producido numerosos mensajes que apuntalan que la desaceleración económica es mayor de la prevista. A escala mundial, el peor augurio proviene de la OCDE, que ha rebajado tres décimas el crecimiento estimado para este mismo año, hasta el 2,9%, el peor dato desde que comenzó la crisis en el 2008.

España no es ajena a todo esto. De hecho, el Instituto Nacional de Estadística (INE),  revisó a la baja esta semana los crecimientos registrados en los años 2016, 2017 y 2018, lo que significa que la desaceleración empezó antes y con un poco más de intensidad de la que se creía. Y, un día después de todo ello, actualizó las previsiones para este ejercicio y las fueron menores de las que se esperaban.

Según estos cálculos, en el primer trimestre, el PIB creció el 0,5% trimestral y el 2,1% interanual, en lugar del 0,7% y el 2,4% inicialmente comunicados. Para el segundo trimestre, el INE mantiene el crecimiento en el 0,5% trimestral, pero ha revisado a la baja el interanual del 2,3% al 2,1% respecto al avance difundido el pasado 31 de julio.

Este cambio complica que se pueda llegar al objetivo del 2,2% para el conjunto del año. Ni siquiera el Gobierno en funciones dice ya que revisará sus estimaciones al alza como dijo antes del verano. La tendencia es a la baja, si bien nada hace pensar, por ahora, que en lugar de avanzar se vaya para atrás, es decir, que se pueda caer en una recesión o en una crisis

Pero existe un ingrediente que complica las cosas: el bloqueo politico, que no solo no se ha superado sino que multiplica las posibilidades de mayor inestabilidad, con unas elecciones generales a la vista el 10 de noviembre, la sentencia del 'procés' y una economía con mucha capacidad de resiliencia, pero no infinita o ilimitada.

Ni siquiera el riesgo que supone carecer de un Gobierno que tome decisiones y afronte los problemas aparta a los políticos de centrarse solo en la bronca electoral. Se diría que les preocupa poco si la economía corre o no riesgos. Ni 'brexit', ni guerra comercial ni posibles subidas del petróleo. Como si quisieran decir: tranquilos, la crisis ya nos la montamos nosotros.