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Editorial

Una red de autobuses racional pero mejorable

Pese a los problemas y las críticas, los usuarios valoran la configuración viaria de la línea ortogonal de autobuses en Barcelona

El Periódico

Un autobús de la línea H12, de la red ortogonal, en la Gran Via de Barcelona.

Un autobús de la línea H12, de la red ortogonal, en la Gran Via de Barcelona. / Archivo / Joan Puig

La implantación de la línea ortogonal de autobuses en Barcelona ha causado gran debate entre la ciudadanía. La red, formada por 28 líneas horizontales, verticales y diagonales, culminó su implantación en octubre del 2018. El Ayuntamiento, así como muchos expertos en movilidad, siempre ha argumentado que se trata de una conexión racional para el transporte público. Muchos usuarios, en cambio, critican la desaparición de líneas que conllevó y los problemas de conectividad y frecuencia. Casi un año después de su implantación, el RACC publica un informe en el que incide en uno de los factores negativos de la red: la poca velocidad media de los autobuses (por debajo de los 13 km/h recomendables), a causa, entre otros factores, del incivismo, pero también de la falta de adaptación de la frecuencia de los semáforos.

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La implementación de medidas como la T-Mobilitat (tarjeta sin contacto) ayudarían a una mayor fluidez, así como una mejor regulación del tráfico, una circunstancia que puede verse favorecida por la próxima entrada en vigor de la zona de bajas emisiones. A la vez, este proyecto medioambiental pondrá a prueba la capacidad de la red para absorber nuevos pasajeros. Pese a los problemas y las críticas, los usuarios valoran la configuración viaria. En el futuro deberá tenerse en cuenta la mejora en los puntos conflictivos, la ampliación de la flota de autobuses articulados y la estructuración pendiente de los carriles bus en el entorno metropolitano.