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LA CLAVE

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez.

JOSÉ LUIS ROCA

Atrapados en la noria

Luis Mauri

Cuatro elecciones generales en cuatro años. Este dato debería mover a la clase política al recogimiento y la reflexión silente. Debería, pero no será así. La campaña electoral ya ha comenzado

La vida es una dialéctica infinita entre lo que hubiera sido mejor y lo que es. Bueno, malo o regular: lo que es.

Sobre el papel, a ningún actor político le interesaba la repetición electoral, y menos a los ciudadanos (y de forma especial a los electores progresistas), envueltos en una bruma de estupefacción y enojo por la incapacidad de sus representantes. Como si sobre la gobernación de España, en precario durante el último bienio, no pesara además la triple amenaza de un brexit salvaje, de una nueva recesión global y del impacto inminente de la sentencia del ‘procés’. Como si no hubiera asuntos sociales y económicos que atender con urgencia extrema. Como si no hubiera nada más valioso y perentorio que el cálculo partidario cortoplacista.

Dotar al país de un gobierno estable después de dos años y ante el inaplazable temporal hubiera sido lo mejor, pero no es eso lo que va a suceder. Vuelta a votar. Cuatro elecciones generales en cuatro años. Un dato que debería mover a la clase política al recogimiento y la reflexión silente. Debería, pero no será así. La campaña electoral ya ha comenzado.

Sánchez confía en ampliar su ventaja a costa de Podemos. Volverá a necesitar de su apoyo, pero un Iglesias eventualmente más débil estaría en inferior condición negociadora. El objetivo del líder del PSOE es desembarazarse de la inestabilidad que le hubiera acarreado la dependencia de una muleta independentista. Pero en el lance puede perder la mayoría en el Senado a manos de la derecha: eso le complicaría la gestión del conflicto catalán.

Iglesias no tiene nada que ganar. Su mayor aspiración es perder las menos plumas posibles, una vez descartada la amenaza de la concurrencia de Errejón.

El fuerte madrileño

Casado puede hacer de la necesidad virtud. Tiene una buena oportunidad para rescatar votos fugados a Cs Vox. Una mejoría electoral le permitiría esquivar la rendición de cuentas que tarde o temprano le hubiera exigido el PP tras los dos pinchazos de la primavera, apenas maquillados por la conservación del fuerte madrileño.

Rivera se le presenta un panorama más oscuro. Erró al vetar a Sánchez, abandonar el centrismo, colaborar con la extrema derecha y permitir la fuga de talento de sus filas. Rivera bracea con fuerza, pero con un norte difuso. Un batacazo le podría costar la cabeza y, de rebote, facilitar un aliado a Sánchez tras las elecciones.