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Música urbana

Nathy Pelusa, fotografiada en Barcelona

FERRAN NADEU

Nathy Peluso, reina

Jenn Díaz

Cuando una mujer vive sin tabús, y se salta todas las reglas, y obvia todos los prejuicios que rodean a una artista mujer, nos ofrece otra manera de crecer a las demás

La música urbana tiene, podemos reconocerla, una estética. Las letras, la manera en que se muestran, el imaginario común de todos ellos. Y no nos engañemos: ha sido, siempre, una estética masculina. Tipos duros, malotes, que juegan con las normas de la calle, del amor, que hablan del sexo sin tapujos, que se creen muy listos, que son políticamente incorrectos y les parece que solo ellos viven en los márgenes. Entonces llega Nathy Peluso y le da una vuelta a toda esa estética, se la apropia y nos la muestra a las que no nos sentíamos llamadas por la música urbana porque algo, o todo, nos expulsaba de su universo.

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De pronto la celulitis se cuela en una canción, o el amor no es eso enfermizo que nos vuelve locas a todas. No quiere un carro lujoso sino que le bese la piel un buen mozo. No quiere esposo. Quiere alegría, papá. Así, muy sencillito. Las que seguimos a Peluso en sus redes sociales no solo asistimos al nacimiento de una reina: tenemos acceso a una mujer que se muestra imperfecta, que se salta todas las normas habidas y por haber sobre los cánones de belleza y lo que se supone que debe ser el cuerpo de una mujer. Burla todas las convenciones sociales, se ríe de todo, de la vida, y le canta al amor, a su gente, reposa serena su canto.

A mí me gustan las mujeres como Nathy Peluso porque viven, o eso parece, desacomplejadas. Y me sirve, nos sirve a todas. Porque cuando una mujer vive sin tabús, y se salta todas las reglas, y obvia todos los prejuicios que rodean a una artista mujer, nos ofrece otra manera de crecer a las demás. A mí me sirve que Natalia, reina de la vigilia, ofrezca combate sin tapujos y no quiera quedarse ahí afuera con la lluvia que cae. Porque me consuela un poco, por las veces que quizá yo no tuve ese coraje. Me consuela que no se asuste, y que recuerde cuando le dijeron que estaba gorda y ahora, años más tarde, mire a cámara y diga: la gorda está triunfando, mami. Porque cuando triunfa una mujer como Peluso, triunfamos un poco todas.

Temas: Igualdad