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LA CLAVE

Pablo Casado responde a Pedro Sánchez en la última jornada de la investidura.

DAVID CASTRO

¿Se trata de cansarlos?

Albert Sáez

Da la impresión, que PSOE y PP llevarán a los electores a las urnas hasta que se olviden de la nueva política

Desde la disolución de las Cortes a finales de 2015, España no tiene un gobierno estable sostenido por una mayoría parlamentaria con un programa pactado. En cuatro años, ha habido dos investiduras fallidas, una moción de censura, una repetición electoral y vamos de cabeza a la segunda. En este tiempo, se han aprobado solo unos presupuestos y se ha legislado poco, a precario, sin capacidad de hacer reformas de envergadura, como mucho contrareformas. ¿Qué pasó en 2015? Dos cosas relevantes si lo miramos con perspectiva histórica: entraron en el Congreso los partidos de la llamada "nueva política" y los grupos denominados como "nacionalistas" dejaron de ser decisivos, el PNV porque con el hundimiento del bipartidismo ya no suma por si solo, y los catalanes porque se adentraron en ese ensayo general de una revuelta. El caso es que las dos formas con las que se había organizado la gobernabilidad desde la transición ya no eran posibles: ni mayorías absolutas de PSOE o PP, ni mayorías estables con PNV y lo que era Convergència o Esquerra. Y llevamos cuatro años sin encontrar la alternativa. Cosa que, dramáticamente, nos lleva a las cuartas elecciones en tres años y medio.

¿Por qué es imposible un acuerdo entre quienes pueden hacer mayoría? Ciudadanos se desdijo de toda posibilidad de acuerdo con el PSOE desde antes de las elecciones. El Partido Popular ni se ha planteado hacer con Sánchez lo que el PSOE hizo con Rajoy, cederle el turno. Y los socialistas ven ahora imposible lo que esgrimieron en la campaña: hacer frente común con Unidas-Podemos contra el 'trifachito' que, por cierto, ya es una realidad en muchas comunidades autónomas. La gente no lo entiende. En las charlas de café, las opiniones se dividen entre quienes reparten las culpas, quienes hacen la enmienda a la totalidad a la política -la vieja y ahora también la nueva- y quienes levantan las cejas y dicen: "Europa no lo permite". Las conspiraciones aparecen cuanto mayor es la incertidumbre. Y lo que queda es que el bipartidismo, anclado en lo más profundo del Estado, parece que quiera llevar a los ciudadanos a las urnas tatas veces hasta que les devuelvan lo que le quitaron: las mayorías absolutas y esa intimidad de los adversarios de toda la vida que tanto tiene que ver con la impunidad ante la corrupción. Y les tendrán sin gobierno hasta que se cansen.