29 mar 2020

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modelos de crecimiento

RIP al PIB

Alfredo Casas

RIP al PIB

Ester Oliveras

"Algunas empresas constatan que, sin el cuidado del planeta y de las personas, a largo plazo el crecimiento económico será cada vez más difícil"

"Una economía que beneficie a todos los americanos". Esta frase se leía en el flamante compromiso de los máximos responsables ejecutivos de las 181 empresas que pertenecen a la asociación americana Business Roundtable. En el texto se comprometen a liderar sus organizaciones para el beneficio de todas las partes interesadas: personas consumidoras, trabajadoras, proveedores, accionistas, y las comunidades en las que operan. Por primera vez, en décadas, los intereses de los accionistas no aparecen en primer plano. No es que estas empresas hayan decidido convertirse en entidades sin ánimo de lucro, es la constatación de que, sin el cuidado del planeta y de las personas, a largo plazo el crecimiento económico será cada vez más difícil.

A nivel macroeconómico, otra apuesta reciente por el cambio viene de Nueva Zelanda. Liderado por la primera ministra, Jacinta Arden, que ha dejado en un segundo plano el PIB (Producto Interior Bruto) para centrarse en la mejora de la calidad de vida. El nuevo presupuesto, presentado en el Foro Económico de Davos, se enfoca en aspectos como la pobreza infantil, la violencia doméstica, y la salud mental. Aunque no está exento de críticas, es una apuesta valiente por un cambio de rumbo: crecimiento económico, sí, pero no en primer plano y no a cualquier precio.

El país pionero en desplazar el PIB fue Bután, un pequeño país asiático, que desde 2008 utiliza el FIB (Índice de Felicidad Interior Bruta) para guiar las políticas del gobierno. Su cálculo es complejo, incluye variables objetivas y subjetivas en nueve aspectos: bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida, y gobierno. Por descontado, el PIB de Bután continua calculándose y se sitúa en el puesto 127 de 196, que no puede calificarse como un buen indicador. Sin embargo, el país tiene un 80% de bosques, y en su constitución se establecen parámetros como que esta superficie no podrá disminuir del 60%.

¿Bienestar o crecimiento?

Un país opuesto a Bután, si es que esto existe, sería China. Desde las reformas económicas de 1978, China ha crecido rápidamente, alcanzando las primera posiciones mundiales en PIB a partir del 2014.  La que actualmente es la segunda economía del mundo ha priorizado su desarrollo económico por encima del bienestar social. Este crecimiento ha generado una gran desigualdad social en el país, afectando sobre todo las condiciones de vida en las áreas rurales y generando niveles de contaminación decididamente nocivos la salud de su población.

Las Naciones Unidas también miden el índice global de felicidad a través de seis indicadores: apoyo social, esperanza de vida saludable, libertad para tomar decisiones vitales, generosidad, percepción de la corrupción, y PIB. Según estos criterios, en 2018, el mejor lugar para vivir era Finlandia. España aparece en el lugar 36, China en el 86, y –paradójicamente– Bután en la posición 97. La complejidad para diseñar índices fiables sobre la felicidad es evidente y contrasta con la precisión con la que podemos afirmar que el PIB nominal español de 2018 fue de 1.208.248 millones de euros.

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