Ir a contenido

MIRADOR

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado agosto, en Madrid.

JOSÉ LUIS ROCA

(Intento de) cierre de régimen

Gemma Ubasart

Sánchez puede quedarse sin Gobierno y arrastrar al país a un Ejecutivo de las tres derechas

Pedro Sánchez llegó a la Moncloa vía moción de censura con una correlación de fuerzas de izquierda y plurinacional, lo que le llevó a transitar un proceso de distensión de la crisis catalana. El reconocimiento de la existencia de un problema de naturaleza política no era poco: el acuerdo de Pedralbes podía abrir un nuevo escenario. El ya presidente también dio un carácter socialdemócrata a sus primeras propuestas. Parecía un reconocimiento implícito a que las terceras vías de inspiración 'blairiana' habían llevado a la familia política de la Segunda Internacional a un profundo declive.

Las bases del PSOE, el 28-A, sustituyeron el "no nos falles" que aclamaron con Zapatero por el "con Rivera no" y "sí se puede". Se anticiparon a los movimientos que vendrían. Si bien entonces nadie dudaba de la constitución de un gobierno de continuidad, con la posible entrada de ministros morados (o próximos a estos), el Sánchez que siguió a las municipales del 26-M empezó a bascular. El líder socialista tiene mucho de significante vacío que se llena según contexto. La demanda de los poderes fácticos locales e internacionales era clara: un pacto entre PSOE y Cs.

Sánchez se dejó querer. Alentado por sus consejeros, que no son ni de partido, ensayó su nueva apuesta. Suplicó abstenciones a derecha y votos gratis a izquierda. Quiso escapar de la correlación de fuerzas que le hizo presidente. Algunos dicen que se trata de estrategia electoral para maximizar votos. En la pasada legislatura los socialistas habrían drenado votos de la izquierda y ahora podrían lograrlos en el centroderecha, sobre todo con la táctica naranja de competir por el flanco derecho del tablero. Aunque debería también tenerse en cuenta que la competencia centrípeta no tiene mucho éxito en los sistemas electorales actuales. Podría estar anhelándose un viaje a un inexistente centro.

Pero sus intenciones no acaban aquí. Creo que hay suficientes indicios para afirmar que Sánchez aspira a transitar una recomposición del sistema. Tiene mucha confianza en sí mismo: cree poder cerrar por arriba la triple crisis del régimen (socioeconómica, política y territorial). Esta se ha explicitado en la misma existencia del procés, así como también en el 15M y las réplicas sísmicas que vinieron con la entrada de nuevos actores. Él sueña con una vuelta al bipartidismo que le permita mantenerse en el poder sin graves sobresaltos. Los errores tácticos de ERC y PDECat (no dejando tramitar los Presupuestos) y Unidas Podemos (no aceptando cuatro ministerios el 25 de julio) parecen facilitar su camino.

Ahora bien, buscando el retorno al orden (pasado), el líder socialista puede quedarse sin Gobierno y arrastrar al país a un Ejecutivo de las tres derechas. No sería la primera vez que los sondeos no captan la desmovilización del electorado: sin ir más lejos, la deserción de votante socialista en las andaluzas del 2018 o el 'no-sorpasso' de Podemos en el 2016. Las elecciones anticipadas las carga el diablo, si no que le pregunten a Artur Mas. Y todo esto con una sentencia que tensionará el eje nacional, el estresante ‘brexit’ y tambores resonando a nueva recesión.