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La emergencia climática

Aparcamientos a la sombra

MONRA

Aparcamientos a la sombra

Maria Rubert

Deberían estar prohibidas todas las extensas explanadas negras dedicadas a aparcar coches, por razones ambientales y estéticas

La visita a un polígono industrial próximo al peaje de Mollet una tarde de agosto a 38 grados es una experiencia intensa que asusta. Una observa el paisaje periurbano de grandes naves bajo el sol implacable, rodeada de humos, olor a neumático derretido y ruido de coches, desde una perspectiva distinta. Lo peor de la experiencia, motivada en mi caso por una avería, es esperar en una gran plaza pública bien ordenada dedicada a aparcamiento sin un árbol. De regreso a Barcelona, una cerveza en la acera en el Eixample bajo los plátanos parece un milagro. Sin árboles, en esas calles de 20 metros de asfalto y 'panot' negro, repletas de coches, estaríamos asfixiadas .

Esa experiencia me sugiere algunas consideraciones. 

Como apuntan los expertos hay que insistir en buscar paliativos a los efectos del cambio climático que ya está desencadenado. Imaginar soluciones que retrasen y/o minimicen sus consecuencias y la transformación radical del mundo. Más allá de reducir el tráfico aéreo, favorecer el uso energías renovables, comer menos carne, reducir el plástico a lo imprescindible, eliminar los coches de las zonas densas... Hay iniciativas, sencillas, quizá de pequeño impacto pero que mejorarían nuestra resistencia al aumento progresivo de temperaturas y las incomodidades que generan. 

Aparcamientos y centros comerciales

Los aparcamientos han crecido y ocupado amplias zonas en las periferias de las poblaciones en los últimos años. Amplias explanadas sin sombra, rodeando a menudo los centros comerciales, que necesitan de una transformación urgente. Es curioso que su inventor fuera un arquitecto austriaco, Victor Gruen, que exportó la idea y construyó los primeros centros comerciales en Estados Unidos en los años 50. Centros que agrupaban una variedad de supermercados, servicios comerciales y oficinas, y gasolineras desparramadas que se transformaron en los lugares de referencia social del nuevo suburbio ideal americano, que tan bien han popularizado películas y series. Espacios envueltos de amplísimas explanadas pavimentadas, vacíos, para aparcar el coche.

Años más tarde aquel principio de los centros comerciales complementario a amplias zonas de viviendas de baja densidad construyeron el paisaje de nuestras periferias, desmontando en muchos casos los perímetros de las ciudades para convertirlos en lugares más fragmentados, con menos vegetación, donde sobra mucho asfalto y que han desfigurado muchos paisajes.

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La situación es crítica. Deberían estar prohibidas todas las extensas explanadas negras dedicadas a aparcar coches, por razones ambientales y estéticas. Espacios impermeables que bajo el sol irradian calor. Perforar esas placas negras para que broten plantas mejoraría no solo su aspecto sino el confort general. Una medida que podría aplicarse sistemáticamente a todos los aparcamientos públicos y privados que han florecido en pueblos y ciudades. También frente a todos los edificios comerciales que disponen de aparcamiento privado, en las estaciones, en los polígonos industriales... Comparen la incomodidad de subirse al coche en un aparcamiento a pleno sol sobre el asfalto, o a la sombra bajo un árbol. El motivo es que los árboles, además de dar sombra, aumentan la  humedad ya que  la transpiración de las hojas significa captar CO2 y emitir vapor de agua. Bajo un árbol, un coche puede reducir la temperatura en más de 15º en el interior. 

Una malla de árboles con follaje frondoso cada 8-10 metros es perfecta para ordenar coches, caben tres en batería y un carril para el acceso. Mejoraría mucho el impacto visual de estas explanadas, que junto con las rotondas decoradas son a menudo la primera impresión de los pueblos que ve un visitante. Indirectamente reducirían el consumo de aire acondicionado y nuestro malestar. El momento adecuado para plantar es de otoño hasta marzo. Son muchos árboles. El próximo verano empezaríamos a notar la mejora. En cinco años sería espectacular el cambio y todos lo agradeceríamos.

Es tarde quizá para imaginar que podemos revertir un proceso de cambio climático implacable, como apunta el escritor Jonathan Franzen en un reciente articulo en 'The New Yorker', pero sí es posible prepararnos y en nuestro caso podemos aplicar paliativos simples que tienen tradición secular. Hace falta planear zonas de sombra, como siempre ha sido prioridad en las casas y en el espacio público de las poblaciones del Mediterráneo: Me refiero a los espacios protegidos del sol mediante ventanas pequeñas, patios ajardinados, pérgolas y porches –en las casas,  pero también en las calles y en las plazas– para nuestra supervivencia. Borrar de nuestro territorio explanadas de asfalto mejoraría las condiciones generales.