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Elecciones en Israel

¿Qué hay de los palestinos del 48?

LEONARD BEARD

¿Qué hay de los palestinos del 48?

Itxaso Domínguez

Fueron dados de lado por los Acuerdos de Oslo y nunca han sido objeto de negociación

No falla. Una de las ‘tradiciones’ de cada cita electoral a las que Binyamin Netanyahu ha instaurado es señalar el peligro que representa el voto de los ciudadanos palestinos de Israel para la estabilidad del país. En el 2015 acudían a votar en ‘hordas’, en abril de este año se instalaron cámaras en sus colegios electorales, y hace pocos días querían aniquilar a todos los israelís.

Los también llamados ‘palestinos del 48’ son ignorados por una mayoría de artículos que comentan tanto la situación en Israel como el conflicto palestino-israelí. Siempre en el margen, a lo sumo un apunte apresurado. Fueron dados de lado por los Acuerdos de Oslo, y en consecuencia nunca han sido objeto de negociación en el marco del natimuerto proceso de paz. Las resoluciones de Naciones Unidas 242 y posteriores, al igual que la estrategia de la Unión Europea y de la comunidad internacional en su conjunto, han obviado su existencia. Son considerados un "asunto doméstico" para Israel, una cuestión de derechos individuales como minoría. Como mucho, y ‘gracias’ a Netanyahu, se habla de racismo. Sorprenden los trabajosos malabarismos, por ejemplo la etiqueta ‘árabes israelís’, que silencian el vínculo con el resto del pueblo palestino.

Leyes discriminatorias

Son pocos los análisis que lamentan la deriva extremista de la escena política en Israel y al mismo tiempo comentan que en aquel ‘periodo dorado’ preocupación de la democracia israelí, los ciudadanos palestinos de Israel estaban sujetos a ley marcial. 750.000 de sus vecinos fueron expulsados durante la Nakba, y un número no desdeñable de los que permanecieron se convirtió aun así en ‘presentes-ausentes’, o desplazados internos. Los palestinos del 48 ven determinado su día a día por más de 55 leyes discriminatorias, documentadas por la organización Adalah, algunas tan simbólicas como la ley que impide conmemorar la Nakba o la ley que impide la reagrupación familiar si uno de los cónyuges es ‘palestino del 67’. La tan cacareada ley que consagra a Israel como Estado nación judío aprobada en julio del 2018 se erige en culminación, no avance, de un proceso de desposesión sistemática de lado y otro de la Línea Verde.

Hubo una época en la que algunos ciudadanos palestinos aspiraban a ser miembros de pleno derecho de un ‘Estado para todos sus ciudadanos’. El régimen, basado en la discriminación entre nacional -cualquier miembro del pueblo judío- y ciudadano -cualquier individuo no judío-, les convenció de lo contrario. Fueron asimismo difamados por traidores por otros palestinos. Muchos de ellos progresivamente desarrollaron una sólida conciencia nacional. Obra de una tercera generación post-Nakba más valiente y asertiva que sus padres y abuelos, hoy brotan focos de resistencia que adopta distintas formas, en Kafr Yasif, Haifa o Lydd. Rechazan etiquetas que insisten en distinguir entre urbanitas y beduinos, y hacen gala de una identidad híbrida que no lo es tanto cuando de reconocer sus orígenes se trata.

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Al igual que ocurre con los residentes en Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza, con el colectivo nacional palestino en su conjunto, los ciudadanos palestinos también se enfrentan a la fragmentación interna. Estos días será noticia su desafección frente al sistema, pero también frente a sus representantes políticos y el propio movimiento nacional palestino. Se plasman en el debate en torno a la estrategia de boicotear las elecciones. Muchos son conscientes de que alimentan la idea de que Israel es una democracia liberal, pero recelan del potencial de denunciar el sistema ante la mirada atenta, pero connivente, de la comunidad internacional, tal y como refleja la aportación del rapero Tamer Nafar.

La posición de los ciudadanos palestinos de Israel ayuda a entender varias dimensiones del debate en torno a la posible anexión de territorios ocupados. Cuando se plantea que los palestinos en territorio anexionado obtengan derechos, lo máximo a lo que pueden aspirar es convertirse en ciudadanos de segunda clase. No es menos cierto que hoy millones de palestinos sometidos a soberanía israelí no tiene voz alguna en la toma de decisiones del país.

Solo atendiendo a los diferentes contextos del pueblo palestino en su totalidad (también el de los refugiados) se deduce que únicamente se pondrá fin sostenible al conflicto si se abordan en su conjunto sus verdaderos orígenes. Si de una vez por todas se abandona la ‘ilusión de 1967’ según la cual paz equivale exclusivamente a fin de la ocupación militar. Dos, uno, o un Estado y medio, eso es lo de menos.

*Coordinadora del Panel de Oriente Próximo y Norte de Africa en la Fundación Alternativas.