08 abr 2020

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Criar en solitario

Primer día de cole en un colegio de Barcelona.

JOAN CORTADELLAS

Hijos: artículo de lujo

Isabel Llanos López

Nadie se toma la molestia en preguntar si la cuestión de tener o no tener hijos fue una elección o es una consecuencia social

No es nuevo. Es algo de lo que tenemos certeza todo el año, pero que encuentra picos en la gráfica vital de la descendencia, ya incluso desde antes del nacimiento. Y uno se ajusta como más o menos puede, y va medio trampeando entre navidades, cumpleaños, campamentos de verano... Lo peor llega en septiembre, cuando ahí no hay escapatoria. Las listas de libros, material escolar y deportivo, matrículas varias, descubrir lo que ha crecido durante el verano el retoño al rescatar el uniforme del curso anterior o la ropa de entretiempo. ¡La verdadera cuesta no es la de enero, sino la de septiembre!

Es la época en que a los que no tenemos hijos nos cae el mismo sermón: ¡qué bien vivís sin hijos! Ya. Es como el consejo de los casados a los solteros: “¡Qué bien estás así! ¡No hagas como yo!”. Lo que nadie se toma es la molestia en preguntar si la cuestión de tener o no tener hijos fue una elección o es una consecuencia social. En un momento en el que en las grandes ciudades la mayoría de los 'singles' tienen que compartir piso porque apenas llegan a fin de mes y muchísimo menos a tener un piso propio, incorporar un pequeño ser en esta formulación unipersonal es comparable a los precios de los viajes en solitario: conllevan el suplemento por uso individual. Vamos, si es difícil en pareja, casi imposible en solitario.

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Lo más natural del proceso vital, nacer, crecer, reproducirse y morir, encuentra hoy en día grandes trabas: imposible sin dinero. Morir es caro, crecer (alimentarse) también, la cuestión de la reproducción y el nacimiento prácticamente inviable. Hay un tercio menos de nacimientos que hace 10 años. La esperanza es lo último que se pierde, sí. Con un aumento del 50% de congelación de óvulos en los últimos años en España es bastante fácil discernir si la cuestión radica en el deseo de maternidad y paternidad o las circunstancias sociales y laborales que no garantizan poder procrear sin pasarlas canutas y arriesgarse a quedarse sin empleo (en muchos casos precario).