27 sep 2020

Ir a contenido
Protesta infantil en Nueva Delhi en el marco de los Fridays for Future, en marzo de este año.

Sin ecologistas no hay futuro

Esther Vivas

Mi hijo de 4 años ya no quiere más pajitas de plástico para tomarse un zumo. Ahora las quiere de papel o de acero. Le preocupa que el mar esté inundado de plásticos, y que los peces y los pájaros mueran después de tragárselos de manera involuntaria. También es un entusiasta de los buses eléctricos que están empezando a circular por Barcelona, y hace ascos a los buses convencionales.

No es que mi hijo sea un abanderado del ecologismo, sino que repite aquello que escucha y ve en casa. Las madres y los padres somos, aunque suene a tópico, un ejemplo para nuestras criaturas, a pesar de las grandes contradicciones cotidianas que tenemos. Lo que decimos y hacemos trasciende más allá del hogar. No deberíamos dejar pasar esta oportunidad para transmitir una serie de valores en lo social y lo medioambiental.

A la joven marea verde se están sumando profesorado y familias, que sienten la responsabilidad de educar en el ecologismo

El puntal escolar

Las escuelas son el otro gran puntal para promover cambios en las generaciones futuras. Y muchas no se han quedado atrás. Huertos escolares, gestión de compostaje, charlas de consumo crítico, comedores ecológicos, talleres de  reciclaje y eficiencia energética son algunas de las actividades que llevan a cabo. Educar en el ecologismo es una tarea imprescindible si queremos mantener el planeta.

De hecho, si el cambio climático amenaza a una generación es la de nuestras hijas e hijos. Se trata de un problema del presente que será aún más grave en el futuro. El aumento de la temperatura de la Tierra, como consecuencia de las emisiones sin freno de gases de efecto invernadero, es irreversible, aunque hay que tratar que sea el menor posible. Sus efectos ya empiezan a ser visibles, y lo serán más a medio y largo plazo.

Leer los informes científicos de lo que va a implicar el cambio climático es adentrarse en una distopía

Algunos ejemplos son los fenómenos meteorológicos extremos (sequías, inundaciones, olas de calor, grandes incendios...), el aumento del nivel del mar, los cambios en la producción de los cultivos o la pérdida de biodiversidad. Las consecuencias de este aumento de la temperatura global, si no somos capaces de ponerle freno, son imprevisibles en el ecosistema social y medioambiental futuro. Leer los informes científicos de lo que va a implicar el cambio climático es adentrarse en una distopía.

Huelga mundial por el clima

Por eso, no nos debe de extrañar que sean los más jóvenes los que han pasado a la acción. Ya no se trata solo de universitarios que salen a la calle para plantar cara a la actual situación de emergencia climática, son también estudiantes de secundaria que se han levantado contra dicha amenaza. He aquí quienes integran movimientos como Fridays For Future o Juventud por el Clima, una nueva generación de activistas.

El próximo 27 de septiembre se convoca una huelga mundial por el clima, a la que estamos llamados todos. Una joven marea verde a la que se están sumando viejos y nuevos colectivos. Algunos de los más recientes se llaman Profes por el FuturoMadres por el clima o Familias por el Futuro, que si en algo coinciden es en la responsabilidad que sienten sus miembros para educar a los jóvenes en el ecologismo. Porque sin ecologistas no hay futuro.