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ANÁLISIS

Ansu Fati está viviendo un cuento de hadas en el Barça.

TONI ALBIR

Medir el fenómeno

Albert Guasch

A Valverde le tocará frenar o arrear el fenómeno de Ansu Fati y decidir si trastorna las jerarquías

Lo natural era presumir tras su gol, rápido y certero, que contemplábamos a un futbolista con flor. No conviene desdeñar este elemento en el deporte ni en la vida. Ni minusvalorarlo. Pero pasaron los minutos, dejó petrificado al experimentado Garay en el segundo tanto, y le vimos no solo comportarse con un aplomo impropio de su escandalosamente corta edad, sino coger jerarquía en el juego, liderando lo más importante que sucedía sobre el terreno. Y de repente nos preguntamos con ojos entornados si no estamos ante algo mucho más gordo de lo imaginado. Es obligada la cautela, que solo son 16 años, pero la sensación que prendió ayer en el Camp Nou fue de encontrarse ante la eclosión de una estrella.

Tantos y tantos millones gastados, más que casi se derrochan de no ser por la bendita resiliencia del PSG, y quizá la respuesta al incierto futuro se encuentra de nuevo en la Masia. Mira por dónde. Ansu Fati imantó las miradas desde el principio y eclipsó por completo a Griezmann, por citar al que costó más euros. Tuvo una actuación luminosa. Por cómo encaró a su par, por cómo aguantó el balón, por su atrevimiento, por sus latigazos en diagonal a lo Coutinho (con perdón), por sus amagos (y hasta un sombrero) a lo Ronaldinho, por su gol. Ni asomo de timidez. El Valencia le respondió con el mayor de los elogios posibles: tres futbolistas llegaron a vigilarle cuando recibía el balón en la banda.

En el plano corto se descubre la cara de niño, pero en el plano más largo nada revela su absurda juventud. Dembélé siempre ha parecido futbolísticamente más juvenil, por citar a un directo competidor. La plaga de lesiones en ataque le han beneficiado y falta ver cómo le afecta la recuperación de los que andan lesionados. A Valverde le tocará frenar o arrear el fenómeno, medir el impacto, y decidir si trastorna todas las estructuras.

Ayer puso en pie un Barça fresco y excitante, divertido de ver, con un centro del campo de predicamento cruyffista, innovador respecto a lo visto en los últimos años. La ausencia del todopoderoso Messi ha comportado, al menos, una responsabilidad colectiva y compartida, con Fati esparciendo los polvos mágicos del argentino. Suárez salió para proclamar que no cabe correr a reclamar el relevo generacional. Seguro que sí. Pero en el mundo de las ilusiones, nada supera el brillo de un chico que viene inopinadamente de abajo. En este caso, el niño más querido no viene de París.