ANÁLISIS

Cuestión de ADN

España y Argentina saben cómo se abren ciertas puertas; son equipos a los que no les hace falta apuntarse la combinación de la caja fuerte

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Marc Gasol celebra la victoria sobre Australia tras dos prórrogas y el pase a la final.

Marc Gasol celebra la victoria sobre Australia tras dos prórrogas y el pase a la final. / EFE / JUAN CARLOS HIDALGO

España y Argentina son de buena familia. Presumen de heráldica, de escudo familiar, de glorias recientes. La gente se levanta cuando entra a un restaurante. Pero poca gente pensaba que iban a estar para un show moderno y de reconocimiento mundial, fechado para este domingo a las 14.00 horas en el Wukesong Sport Arena de Pekín. Para estos equipos aprender a ganar fue como aprender a montar en bicicleta, adquirir un método, una habilidad que se puede llegar a desarrollar casi de manera refleja y que tardará en caer en el olvido. Por eso van a medir fuerzas dos familias poderosas, los dos equipos más competitivos, los más cancheros del campeonato.

Porque en este Mundial no se ha tratado de ser el más fuerte, el más rápido ni el más alto. Ni siquiera el más glamuroso. Lo que más ha premiado el torneo ha sido el conocimiento del camino sin necesidad de señales ni GPS. España y Argentina saben cómo se abren ciertas puertas, se reservan para mojarse los pies en el preciso momento en el que pasan por allí los peces. Son equipos a los que no les hace falta apuntarse la combinación de la caja fuerte.

Esfuerzo defensivo

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España, como si de una superstición se tratase, como quien repite vestimenta o trayecto, volvió a ganar un partido gracias al esfuerzo defensivo. El sacrificio y la agresividad empleada atrás, especialmente por Ricky Rubio, Sergio Llull y Rudy Fernández, logró dejar a Australia en una producción anotadora de 1,76 puntos por minuto de juego, cuando su promedio en el campeonato era de 2,25. Y es que España es una caja de herramientas de un solo oficio, una cadena de virtudes. La ambición lleva al triunfo, el triunfo a la autoestima y la autoestima a la seguridad. Los españoles son jugadores que saben cómo diseñar su preparación, que saben administrar su rendimiento y su esfuerzo, y que no negocian las señas de identidad que les ha llevado al éxito. Si Llull no jugara siempre así, si no dejara de tirar cuando ha fallado tres o cuatro seguidas, no hubiera metido los dos triples que logró en la segunda prórroga de la semifinal. Si Marc Gasol no supiera cuándo saltar y cuándo no, cuándo correr o cuándo frenar, no hubiera podido meter 29 puntos en la segunda mitad de un partido donde sumó 39 minutos de juego y acabó metiendo un tiro a 23 segundos de la finalización de la segunda prórroga, un tiro de factura sutil, con la boca cerrada y respirando por la nariz.

España y Argentina enfrentarán sus huellas en la final del Mundial, sus registros genéticos. Por mucho que se intente, el ADN no se borra. Si se borrara no existiría la policía científica ni hubieran sido capaces de crear tantas temporadas ni versiones diferentes de la serie CSI. España puede tener más argumentos sobre el parqué pero Argentina asegura que el sol de su bandera se apellida Scola y que son precisamente ellos los que tienen la patente baloncestística de la denominación "Warriors" fuera de la bahía de San Francisco. Si algo está garantizado antes del partido, es que Campazzo o Gaby Deck se cruzarán con Llull Rudy Fernández antes del partido y los mirarán como quien mira a alguien que cree conocer pero no sabe de qué.