Recuerdos

Blanca Fernández Ochoa, la esquiadora que siempre tenía frio

No sé en qué montaña estás ahora, pero por favor, abrígate bien. Que aquí te seguimos queriendo.

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Blanca Fernández Ochoa contempla, en el 2014, una imagen suya de joven esquiando con el equipo olímpico español.

Blanca Fernández Ochoa contempla, en el 2014, una imagen suya de joven esquiando con el equipo olímpico español. / ARCHIVO EFE / BALLESTEROS

“Cuida tus recuerdos, no podrás revivirlos”, decía Bob Dylan hace años. Y hoy es un buen día para recordar. Con sobriedad, con perspectiva, con respeto, con agradecimiento y, sobre todo, con cariño.

Las competiciones en el esquí se miden en segundos, pero no recordamos el tiempo, recordamos los momentos. Recuerdo cuatro victorias en la Copa del Mundo, una medalla de bronce en las olimpiadas de Albertville, 11 años en la primera serie de la Copa del Mundo. Primera medallista olímpica femenina. Portadora de la bandera olímpica en Barcelona 92, Premio Reina Sofía a la mejor deportista españolaPremio Nacional del Deporte, Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo, etc… Eran los años 90. Y la propia Blanca declaró: “Todo lo que logrado en la vida ha sido a base de mucho esfuerzo y sacrificio, pues a las mujeres, todo nos cuesta mucho más”.

Trabajadora con voluntad de hierro

Recuerdo que era éramos casi niños un día de otoño en el colegio Juan March. Estábamos entrenando físico y tocaban series de abdominales. Los hacíamos por parejas, uno sujetaba los pies y contaba mientras el otro los hacía. Acabé mi serie de 50 y cambiamos de posición. Blanca se tumbó con las manos entrelazadas en la nuca. Los hizo con fortaleza mientras yo contaba en voz alta, pero cuando llegó al 50 no se detuvo, y continuó hasta el 60. "Ya está", le dije pidiendo cambio. Pero ella me dijo: "Es que tendríamos que contar… a partir de cuándo duele". Trabajadora con voluntad de hierro. Medalla de bronce, en un corazón de oro. Pionera de su tiempo, abrió un camino y nos dejó un legado. Un legado para las mujeres deportistas.

Recuerdo las lesiones. Recuerdo un día que nos bajaron en un seiscientos desde Vielha a Barcelona para pasar una revisión médica y por la noche nos escapamos del hotel para ir al cine a ver 'La Guerra de las Galaxias'. Recuerdo aquella segunda manga de la olimpiada de Calgary, donde el oro se escapó en un interior a pocos metros de la meta. Pero, sobre todo, recuerdo que las lágrimas de rabia le duraron cinco segundos; se las guardó en lo más hondo y se puso a consolar la tristeza de todos los que le seguían.

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Recuerdo los viajes, las concentraciones, las horas muertas en la furgoneta viajando a otra estación para continuar con “el circo blanco”. Recuerdo esa fuerza para levantarse después de las caídas y matar los dolores a golpes de sonrisa. Recuerdo esa mirada dulce y esa sonrisa extrovertida. Puedo cerrar los ojos a la realidad, pero no a los recuerdos.

No sé en qué montaña estás ahora, pero por favor, abrígate bien. Que aquí te seguimos queriendo.