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Ciencia

Microplásticos.

MONIQUE RAPP / UNIVERSITY OF VICTORIA

¿Debemos tener miedo a los microplásticos?

Pere Puigdomènech

La presencia de estas partículas aún no parece preocupante para la salud, pero podría llegar a serlo

El descubrimiento de que en nuestro entorno se acumulan pequeños fragmentos de materiales plásticos se ha añadido a las preocupaciones sobre la contaminación ambiental. Su presencia ha sido detectada en el agua, la tierra o el aire y en algunos animales y para algunos podrían tener efectos sobre animales y plantas e incluso sobre nuestra salud. Dos informes recientes tratan de resumir lo que sabemos sobre el tema. Uno de ellos ha sido elaborado por científicos propuestos por las academias europeas a la demanda de la Comisión Europea y el otro por la Organización Mundial de la Salud. Sus conclusiones son muy concordantes.

La primera constatación que hacen los dos informes es que la producción de plásticos ha aumentado de forma exponencial en los últimos tiempos y que como consecuencia de su uso masivo han aparecido residuos en los entornos más insospechados produciendo en algunos casos verdaderos problemas de contaminación. Hay lugares donde estos residuos son evidentes. Lo vemos en vertederos o en los ríos o en los océanos, donde se han descrito lo que se denominan islas de plásticos. Los microplásticos serían fragmentos pequeños (menos de 5 milímetros) que no se observan a simple vista, pero que podrían estar presentes en todo y podrían terminar siendo respirados o tragados.

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La primera pregunta es de donde provienen los microplásticos y si son muy abundantes. Los dos informes nos recuerdan que los plásticos comenzaron a ser producidos en los años 50 del siglo último. Son polímeros, es decir, uniones de elementos más sencillos derivados del petróleo en su gran mayoría. Los hay de diferentes tipos (polietileno, polipropileno, poliestireno, etc.) que tienen propiedades diferentes y que hemos incorporado de forma masiva en nuestra vida porque nos van bien para muchas funciones y son baratos. En estos momentos se producen en el mundo unos 400 millones de toneladas de plásticos anuales de los cuales un 20% en Europa, donde la industria que los fabrica ocupa a un millón y medio de personas con un valor de más de 350.000 millones de euros. Estas cifras demuestran el uso extensivo de los plásticos en los embalajes, en la construcción, en la industria del automóvil e incluso en la medicina o la cosmética. Los microplásticos se producen cuando los residuos se deshacen o en algunos usos como en cosméticos por ejemplo.

Los dos informes tratan de resumir lo que se sabe de la presencia de microplásticos en el entorno consecuencia de la actividad humana que no existían antes de su síntesis. El de la Organización Mundial de la Salud se centra en el agua de bebida que podría ser uno de los vehículos principales si nos interesan sus efectos en la salud humana. El otro ha sido elaborado gracias a un proyecto europeo que recoge la experiencia de las academias europeas, tiene una orientación más general, pero aparece un análisis muy similar. Los dos informes presentan un resumen de lo que sabemos de la presencia de estas partículas en diferentes entornos y revisan los datos que hay de los posibles efectos sobre la salud. Son concordantes en que en el estado actual del conocimiento hay que concluir que las concentraciones de microplásticos en el entorno están por debajo de las que pueden representar un peligro para la salud humana.

Amenaza futura

De los resultados de estos informes parecería que podríamos dejar de preocuparnos de estos residuos, pero seguramente no es así. Por un lado, si bien las concentraciones actuales de microplásticos parecen bajas, es muy probable que no lo sean en el futuro próximo si continuamos produciendo plásticos y tirándolos al entorno al mismo ritmo que lo hacemos ahora. En segundo lugar los dos informes reconocen que hace pocos años que se han hecho estudios sobre la cuestión y que los datos son parciales, por lo tanto hay que hacer esfuerzos para aumentar la investigación que se hace, tanto para evaluar la presencia de estas partículas en el entorno como para medir sus efectos biológicos.

Sea cual sea el resultado ya sabemos que, pequeños o grandes, los plásticos están presente en muchos entornos y tienen efectos sobre la fauna salvaje. Estados Unidos prohibieron las micropartículas de plástico en cosméticos en el 2015 y en Europa se esperan regulaciones estrictas a partir del año próximo. Prescindir completamente los plásticos será imposible durante mucho tiempo, pero los tendremos que usar de forma diferente a como lo hacemos. Hay que analizar en qué casos su uso masivo es necesario y ser conscientes de que si no tratamos los diferentes residuos que producen estos irán teniendo efectos en el medio ambiente como ya estamos viendo y los tendrán en el futuro sobre nuestra salud.

*Investigador.