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Una preocupante estadística

Suicidios: realidad y tema tabú

EL PERIÓDICO

Suicidios: realidad y tema tabú

Jesús López-Medel

Por fin se empieza a hablar sobre una realidad tan frecuente como silenciada: 3.679 suicidios en España en el 2018

Es el de los suicidios uno de los temas tabús en nuestra sociedad tan abierta en algunos asuntos pero tan mojigata en otros. Sin embargo, por fin, se empieza a hablar sobre esta realidad tan frecuente como silenciada. Hay algo que apenas se dice y a mí, la primera persona que me lo expresó lo hizo con voz baja. Se trata de que es esta la primera causa de fallecimientos, tras las muertes por motivos naturales, y el doble de las que acontecen por causas de tráfico y ochenta veces superior a las de violencia de género. Sobre estas tres causas: enfermedades (tabaquismo, cáncer, cardiovasculares...), carreteras y machismo asesino, hay campañas para prevenir un fatal resultado.

Pero no se hace apenas nada, salvo ser opaco, sobre el suicidio aunque hace un año y dos meses se anunciara un plan de prevención que ahora está durmiendo (como todo el Gobierno) en un cajón tras dimitir poco después la ministra de Sanidad que lo impulsó. Sabemos también que no pocos suicidios se incluyen oficialmente en otras causas (accidentes de tráfico) o una genérica fórmula de “parada respiratoria” cuando en verdad ha sido una sobredosis de estupefacientes u otras sustancias.

Mas sobre todo ello hay un gran manto de silencio. Dejo a un lado la pendiente regulación de la eutanasia, aun sabiendo que es un tema polémico, pero que hay que abordar pues es, sin duda, una realidad social la denominada “muerte digna” dirigida por quien es dueño de su propia vida.

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En España, la cifra de suicidios sigue aumentando, concretamente el 3% el último año, declarándose oficiales, como tales en 2018, según el Instituto Nacional de Estadística, la cifra de 3.679 suicidios. Esto es, diez personas se quitan la vida cada día. No pocas de ellas emitieron previamente señales, aun sin intención de anunciarlo, de que podía suceder o, al menos a algunos cercanos no sorprendió su ejecución final. En otros, la mayoría, sí que causó extrañeza esa decisión consumada pues por los más cercanos no se había detectado en esas personas un estado anímico que les condujese a actuar así. Además de la cifra expresada, se estima, también de nuevo según el INE, que hubo el doble de intentos fallidos de suicidios, más de 7.500. Pero cuantísimos más no se incluyen.

Aquí se habla con naturalidad y distancia de que en los países del norte, los suicidios son mayores por tener menos luz. Cierto es, pero eso no se traduce en preguntarnos qué sucede en el país del sol. Los datos oficiales son muy claros y, permítanme, recordar el antes expresado muy contundente: diez suicidios diarios.

A veces no se trata por pudor, como si hablar de ello pudiera incitar a cometerlo. Pero, en estos temas, junto a la intimidad de una salud mental mejorable, acaso el entorno familiar debería ser elemento de apoyo y contención más utilizable por los profesionales.

A veces, cuando sucede a personas famosas, algunos se interpelan. Yo especialmente no olvido al gran comediante Robin Williams que hizo sonreír a millones de personas y que hace cinco años apagó su sonrisa para siempre,  pues tal vez estaba ya más que marchita para él.