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Abusos en la Iglesia

El abad de Montserrat, Josep Maria Soler, ha dicho este domingo que su monasterio creará en breve nuevos mecanismos de protección a menores tras conocerse que el monje Andreu Soler, ya fallecido, actuó durante años como un depredador sexual y un pederasta.

EFE VÍDEO

Montserrat, un episodio más

Gemma Altell

Es evidente que los abusos siempre son llevados a cabo por hombres- religiosos en este caso- individualmente pero la raíz de esta violencia es estructural y la naturaleza del abuso no es sexual sino de legitimación del poder

Después de las "disculpas" -sin dimisión- expresadas por el abad de Montserrat Josep Maria Soler en relación a los episodios de violencia sexual conocidos no podemos hacer otra cosa que corroborar, una vez más, que no se quieren entender el carácter estructural de esta violencia.

Con palabras estudiadas y cuidadas su discurso vuelve a apelar -sutilmente- al concepto de la "manzana podrida". Como si habláramos de hechos ocasionales, perpetrados por hombres enfermos que hay que perseguir y erradicar. Es evidente que los abusos siempre son llevados a cabo materialmente por hombres- religiosos en este caso- individualmente pero la raíz de esta violencia es estructural y la naturaleza del abuso no es sexual sino de legitimación del poder. La Iglesia es una de las instituciones que mejor encarna esta construcción patriarcal. Hablamos de una estructura rígidamente jerárquica, liderada únicamente por hombres, que en nombre de una divinidad siempre masculina justifica cualquier acto u omisión.

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Es por eso que cuando el abad habla de introducir mecanismos de control para evitar los abusos sexuales a menores omite que mecanismos han existido siempre pero tienen por objetivo mantener el statu quo en la iglesia y el poder de la iglesia en la sociedad; no proteger a la infancia, la adolescencia o cualquier otra persona que pueda estar vulnerabilizada por la institución. No olvidemos aquí la gran invisibilización que han sufrido las dramáticas violencias sexuales vividas por mujeres en el seno de la iglesia a lo largo de siglos. Por este motivo me cuesta enormemente creer que propondrán otros mecanismos que desenmascaren esta estructura perversa.

Montserrat es un episodio más de los que -afortunadamente- van saliendo a la luz relacionados con la Iglesia católica en todo el mundo. No tiene que ver con el país donde se produce, ni con su cultura ni con su política. Va mucho más allá. Es importante que lo recordemos y es importante que evitemos caer en miradas indulgentes porque "estos son nuestros", los de aquí.

Psicóloga social.