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Incertidumbre agotadora

Política 'last minute'

LEONARD BEARD

Política 'last minute'

Anna Cristeto

Parte del electorado acusa ya el vaivén de cierta manera de hacer política sobre la bocina

Quizá muchos se han acostumbrado a la cascada de alertas informativas en el móvil o a las retransmisiones en vivo de todo aquello  mínimamente relevante. La inmediatez del mensaje por encima de su contenido. Y cuando un aviso llega al dispositivo solo importa el siguiente, en un mar de novedades en el que la capacidad de reflexión cotiza a la baja. Cuenta el instante y ese espíritu 'last minute' parece haber contagiado a la política.

Es posible que el elemento sorpresa sea clave en cualquier contienda y, teniendo en cuenta cómo se interrelacionan los partidos, la afirmación también vale para la política. Sin embargo, un exceso de imprevisibilidad en las estrategias nos condena a un escenario de incertidumbre incompatible con la estabilidad de un país. Los 'showrunners' de la función a la que asistimos deberían saber que los giros de guion son un buen recurso para enganchar al espectador, pero cuando las decisiones in extremis son frecuentes la audiencia se fatiga.

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Cuando el temor a la desaceleración económica y a un 'brexit' radical se erigen como retos de primer nivel, la improvisación no es la cualidad más deseable. "Rajoy, el previsible", comentaba añorante un empresario catalán hace poco en una tertulia sobre la generación de políticos que están al mando, casi sorprendiéndose por recordar a quien hizo de la inacción un activo.

En julio, Pablo Iglesias lanzaba desde la tribuna de oradores del Congreso una oferta a Pedro Sánchez para cerrar un pacto en el último minuto. Meses antes, ERC decidió no apoyar los presupuestos socialistas y ahora es Gabriel Rufián quien pide a Iglesias que alcance un acuerdo cuanto antes.

Tampoco la política catalana es una balsa de aceite. Puigdemont pasó de la tranquilidad de Girona a la presidencia en solo un fin de semana, tras el paso al lado en el último momento de Artur Mas. Y eso fue el inicio de un compendio de estrategias desacompasadas entre formaciones independentistas y cambios repentinos solo aptos para los incondicionales de Jack Bauer y la eterna cuenta atrás que tensaba a la audiencia de '24'.

Para la Diada de este año, la del 'Tornarem', surgen los habituales pronósticos de una caída de asistentes. Pero como apuntaba a este diario el 'conseller' Miquel Buch, no hay que tener memoria de pez porque habrá unidad, ya que “a última hora no falla nadie”. También habrá que esperar y ver cuál será la respuesta del soberanismo a la sentencia del 'procés'. Las propuestas van desde un gobierno de concentración auspiciado por ERC a defender la confrontación y el diálogo, la receta de Quim Torra, que oxímoron aparte, parece tan vacua como su llamamiento a la desobediencia civil. De momento, insinúa que podría no acudir a declarar el 25 de septiembre, lo que podría comunicar sobre la bocina.

A la espera de la próxima vuelta de tuerca argumental, el calendario corre y unos comicios generales son probables. Vayamos o no a elecciones este otoño en España o el año que viene en Catalunya, parte del electorado ya acusa el vaivén de cierta manera de hacer política. 

Temas: Investidura