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Editorial

El móvil en el aula, a debate

Pese a las reticencias, los institutos puede ser un espacio para formar en los usos y límites de la tecnología móvil

Unos estudiantes consultan sus teléfonos móviles en una clase.

Unos estudiantes consultan sus teléfonos móviles en una clase. / ALBERT BERTRAN

El 86% de los catalanes es partidario de vetar el móvil en las aulas de secundaria, según una encuesta de GESOP para EL PERIÓDICO. Una mayoría tan amplia como el número de usuarios de 'smartphones' querría que el recinto escolar fuera un oasis que se escapara de la omnipresencia del dispositivo en el día a día de las familias y en el ocio y las relaciones de los adolescentes. Pero el consenso no es tal entre los responsables y expertos educativos. A un lado, quienes, como las autoridades educativas francesas y la mayoría de padres y madres, querrían hacer de los institutos un espacio libre de móviles y, así, de sus efectos más negativos en el rendimiento académico y la convivencia escolar: dispersión, adicción, desatención, disminución de la comunicación cara a cara y de la actividad física en espacios como el patio e incluso su uso como herramienta de acoso escolar (otra cuestión son los efectos, a veces francamente tóxicos, en los grupos de padres y madres que probablemente se manifestarían contra el uso del móvil en la escuela de ser preguntados, y la relación de estos con los docentes).

Pero enfrente están, y de forma muy amplia entre los expertos educativos y, particularmente, la Administración educativa en Catalunya,  quienes recuerdan que el acceso a fuentes de información, comunicación y redes sociales puede ser un instrumento pedagógico válido, además de una realidad innegable, y que precisamente en el centro educativo es donde se puede producir una actuación educativa más eficaz sobre el uso de los 'smartphones'.

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Hay un amplio campo para trabajar: desde el asesoramiento de educadores y fuerzas de seguridad sobre los riesgos de seguridad y las actitudes que evitar hasta la adopción de hábitos adecuados, responsables y de autocontrol en el uso de esta tecnología que en cuanto los alumnos salgan por la puerta del instituto o acaben su etapa de escolarización obligatoria será prácticamente una extensión de su mano. Si en la vida familiar es cada vez más inquietante la dificultad para encontrar momentos de conexión interpersonal y desconexión de las redes, y cada vez mayor la preocupación  por integrar de forma positiva el uso de las tecnologías o el remordimiento por no hacerlo (que probablemente se refleja en la respuesta registrada por el sondeo), es posible que el papel de la escuela sea el de ayudar en este nuevo reto. No encerrando simplemente el móvil bajo llave sino mostrando usos enriquecedores y marcando reglas y espacios de uso y de restricción.