25 oct 2020

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CON INTERÉS

Una pantalla de teléfono móvil muestra los iconos de las aplicaciones de redes sociales.

Oli SCARFF (AFP)

En manos de monopolios

Josep M. Berengueras

La tecnología no es mala, pero detrás de ella a veces hay empresas que se aprovechan de nuestra buena fe

Los gadgetsinternet y las redes sociales son para disfrutarlas, pues tienen mucho más de positivo que de negativo. Sin embargo, vale la pena levantar la vista (del móvil) y darse cuenta de que el mundo real existe y de que, además, puede ser menos peligroso para el futuro.

Hablar con el altavoz inteligente y pedirle que nos haga la compra es maravilloso; como también lo es que nuestro reloj inteligente analice nuestras constantes vitales y avise a emergencias en caso de caída. Sin embargo, quizá no sea tan bueno pensar que al otro lado hay alguien escuchando nuestras conversaciones con el gadget o que los precios de los productos de compra recurrente pueden ser algo más caros (casualmente) la próxima vez que hagamos la compra; como tampoco lo es pensar que nos han negado una póliza de seguro porque, vaya, saben que hemos tenido ciertos problemas de salud recientemente. Qué casualidad...

La tecnología no es mala, ni mucho menos, pero detrás de ella hay empresas que, como están demostrando ya algunas investigaciones, se están aprovechando de nuestra buena fe, de la información que captan sin que el usuario lo sepa ni haya dado su consentimiento, para influir en su comportamiento.

La solución parece simple: cambiar de gadget o de empresa. Pero está claro que cada vez hay menos opciones, y que hay imperios que tienen como mínimo tics de monopolio que limitan las opciones de los usuarios.

En redes sociales, el caso más flagrante es el de Facebook. La red social que lo cambió todo (y que puso de moda las cenas de exalumnos) ha sido ya multada por sus prácticas (solo hay que recordar lo que pasó con Cambridge Analytica). Pero no es la única: Google acumula miles de millones de euros en multas por parte de la UE por priorizar en sus búsquedas sus propios servicios. Es grave sí, pero aún lo es más que haya recolectado datos de millones de niños en Youtube sin el consentimiento de los padres o tutores y que los haya utilizado para mostrarles publicidad (y ganar dinero con ello). Estos son solo algunos ejemplos de cómo estas empresas pueden influir en nuestras vidas.

Y en este contexto va Facebook y anuncia Dating, su servicio de citas. Usará su algoritmo para recomendar posibles parejas a los usuarios que, además, podrán vincular sus cuentas de Instagram (todos sabemos que todo lo que se publica en esa red social refleja al 100% la realidad). Más allá de las dudas que genere el servicio, sabiendo que el grupo controla WhatsApp, Instagram, Facebook, Messenger y un largo etcétera, no pongo en duda que sepan cosas de sus usuarios como para hacer buenas recomendaciones sentimentales. Eso sí, quizá sepan tanto de nosotros, con o sin permiso, que también predigan cuándo se acabará la relación. Tiempo al tiempo.

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