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ANÁLISIS

Neymar, en el entrenamiento del PSg previo al duelo con el Toulouse.

REUTERS / CHARLES PLATIAU

Por lo menos no se ha ido al Madrid

Antonio Bigatá

Nuestra segunda muerte de Neymar ha sido tan polémica y chapucera como la primera. Quizá menos dolorosa, tal vez más previsible… Y deja barcelonistas viudos alegres que ahora dedican las noches a soñar que se acuestan futbolísticamente con Ansu Fati, pero ha creado asimismo viudos tristes –como yo— que no podemos dejar de pensar en lo que tendremos que decir al final de la temporada cuando repasemos lo que podría haber sido y no fue. Porque aunque Fati sea tal vez el Futuro Perfecto del verbo triunfar (ya lo veremos, por mí que no quede) y Neymar sea únicamente un Presente Imperfecto, este último proporciona muchas más garantías de cara a ganar la Champions de este año.

Este nuevo óbito deja como huella bastante barro, caca y pis en el vestuario culé. Junto a los primorosos armarios de ese recinto ha quedado gente que en los intercambios que comportaba el negociete del PSG se tenía que ir a París a la fuerza y sin querer, como es el caso del maltratado Rakitic, al que, por cierto, no se le podía faltar al respeto con más injusticia y saña. Y permanece Messi, silenciosamente frustrado por no haber podido recomponer el triplete que perdió. Y tal vez se muerde las uñas propias -y no las orejas ajenas, como hacía antes- Luis Suárez, que pensará que era menos vergonzoso sufrir las rotaciones para que cupiera Neymar que hacerlo a la salud de Griezmann y de los enanitos de la cantera.

Si lo pensamos bien, tal como se pusieron las cosas, Neymar únicamente habría podido venir pagándose él su traspaso, y no daba la impresión de que ni él ni su padre (dicen que putativo) estuviese en eso. Si no le gustaba la frecuente lluvia de París, si le molestaba el bajo nivel de la liga del país vecino, si después de escapar de Barcelona para no ser eclipsado por Messi (que a fin de cuentas es el mejor del mundo) y encontrar que le tocaba inclinarse en el PSG ante el trato preferente y el cariño que muestra la afición por su Mbappé (que únicamente es el mejor de Francia), ahora le toca aguantarse.

El enemigo qatarí

En todo caso a partir de ahora la emoción colectiva se centrará en ver si lamentaremos no haberlo traido. Y eso puede ocurrir por dos cosas: A) por lo que llegue a hacer este año sobre el campo luciendo de nuevo la camiseta del PSG, ó B) por lo que hagamos nosotros en las competiciones después de renunciar a que volviese a lucir la nuestra. En cualquier caso tendrá su miga analizar con lupa lo que hará en el césped y en el vestuario del PSG este excelso futbolista capaz de lo mejor con un balón en los pies esta temporada, en la que va a jugar donde no deseaba estar, ante un público que no le quiere, y con un bicho en el cerebro, otro a la altura de la cartera y un tercero algo más abajo del ombligo recordándole que no es feliz.

Para los barcelonistas este caso ha proporcionado otra novedad. Nuestro nuevo Enemigo Número 1 en todas las categorías es NasserAl-Khelaifi, el hombre fuerte del PSG, que se propuso que si Neymar se le iba por lo menos que no regresase al Barça. Es un gran personaje. Tiene una pinta similar a la de los llamativos procuradores en Cortes representantes de Ceuta, Melilla, Guinea Occidental e Ifni en los tiempos de Franco; posiblemente les iguala en talante (a su vez muy parecido al de los comisarios políticos de la Guardia Mora de Su Excelencia); es rico, posee un brillo en los ojos diferente al de nuestros conciudadanos árabes. Florentino, Cristiano Ronaldo Ramos han sido bien sustituidos, aunque lo cierto es que, no nos engañemos, siguen ahí, en la lucha en ese ránking.

Temas: PSG Messi Neymar