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ANÁLISIS

¿Qué fue del respeto?

¿Qué fue del respeto?

Mónica Marchante

Me pregunto por qué los Fernández Ochoa no merecen el mismo respeto que tuvo la familia de Luis Enrique

Hace una semana, cuando conocíamos a través del tuit de Luis Enrique la muerte de la pequeña Xana, solo hubo algo que alivió en parte la tristeza general. Fue la tranquilidad de saber que el periodismo, mi profesión, de manera unánime, había respetado la intimidad que reclamó en su día el entonces seleccionador nacional.

Aunque la realidad de "lo que le ocurría a Luis Enrique" estaba en todas las redacciones, elegimos guardar silencio.

Qué ironía, uno se congratula de que suceda algo que debería darse por hecho. Que sepamos respetar el dolor ajeno, cuando una terrible desgracia golpea sin piedad la felicidad de una familia, es hoy en día un éxito sin precedentes. Hay hasta quien ha sacado pecho por lo "bien" que hemos estado…

Pues bien, la tregua ha sido un espejismo. Siete días después de aquello, escribo el nombre de Blanca Fernández Ochoa en Google y siento asco. Desde ofrecer "los resultados de la autopsia en directo" a detallar lo que llevaba consigo (o lo que supuestamente han hallado junto a ella) sin escrúpulo alguno. Todo vale para que cada lector de semejante basura se haga su propia película sobre la desaparición de Blanca. Es un festival del morbo en busca del clic.

¿No merecen los Fernández Ochoa el mismo respeto que ha tenido la familia Martínez? ¿Podemos ponernos por un momento en el lugar de esta familia? ¿Merecen sus hijos Olivia David vivir cómo se ensucia el recuerdo de una mujer de la grandeza de su madre? ¿No hay nadie que pueda frenar tanta podredumbre?

No tuve la suerte de coincidir con Blanca Fernández Ochoa, a quien conocía solo a través de los medios. Siempre la recordaré con su eterna sonrisa, su alegría en el podio de Albertville y la felicidad de quien logra algo por lo que ha peleado toda su vida.

Sin conocerla, me parecía una mujer frágil vestida de mujer fuerte. O quizás al revés. Solo sé que hizo algo que nadie ha podido repetir en España, que abrió camino, como hicieron otras mujeres al tiempo y sobre todo después. Y que cuando contó su historia, a menudo puso el acento en la dificultad que tenían las mujeres deportistas para compatibilizar su vida familiar con su carrera deportiva.

No sé qué es verdad y qué es mentira. Ni me interesa saberlo. Solo sé que Blanca tenía valores que le hicieron alcanzar ese bronce olímpico. Y que hubiera podido transmitir a otras generaciones.

Me quedo con una frase que ha escrito estos días el presidente del COE Alejandro Blanco en 'El Mundo' sobre ella y otros deportistas españoles. "Es triste que a menudo sea la muerte la que nos lo deba recordar. Debemos hacer más en vida por todos esos pioneros, a veces olvidados".

Pues pónganse manos a la obra que ya van tarde. Es inaudito que alguien como Blanca Fernández Ochoa estuviera escalando sola su última montaña.