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IDEAS

Quentin Tarantino, Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, tras el estreno de ’Érase una vez en Hollywood’ en Cannes

VALERY HACHE (AFP)

Tarantino guionista

Xavier Bru de Sala

Quentin, el gran maestro, muestra como pocos la primacía del guión, de los planos, sobre el acabado de una película que es la dirección. Es un director de talentos excepcionales, pero si los puede lucir con tanta fluidez y sin freno es porque aún es mejor guionista. Uno de los mejores que jamás ha existido.

Entre sus múltiples capacidades de escritor de guiones se pueden destacar, tras una revisión veraniega de su filmografía, la profundidad y la diversidad de muchos de sus personajes de cómic, el uso innovador del suspenso, la lógica detectivesca, si queréis maquiavélica, y el barroquismo no muy simplificado de los diálogos.

Tarantino se puede permitir ser lo que es como director porque cuenta con un genio del guión que también se llama Tarantino

Los personajes emblemáticos parecen caricaturas elementales pero suelen ser mucho más que eso. Bill es un machista puro que se redime por amor, al revés de Fausto, cuando se deja matar. En 'Pulp fiction', reconvierte un género inconexo en una historia de una pieza bajo una presentación caótica. 'Los odiosos ocho' es un referente capital de la anticipación bien administrada, lo que le permite entre otras deliciosas licencias insertar la historia del general sudista asesinato en fingida defensa propia. El caza recompensas que la protagoniza, además de ser el salvaje más determinado y prudente (y de paso justiciero a su manera) es uno de los mejores detectives inductivos de la ficción. En relación a los diálogos, si no son la envidia de los mejores novelistas es que no se han planteado no ya sobresalir, aunque no tanto como él, sino sacar un aprobadillo justo en un apartado de los más dificultosos.

Un filme es un colchón sobre un somier, un edificio que se sostiene por la estructura. Si el guión no da para más, lo máximo que puede hacer un buen director es disimular los agujeros. Tarantino se puede permitir ser del todo Tarantino como director porque cuenta con un genio del guión que también se llama Tarantino. Sin él, el gusto por la sangre de las masacres interminables o la diversidad de los puntos de vista de la cámara que son marca de la casa no tendrían sentido.